“El escritor, en general, el novelista, el poeta, el ensayista, el cuentista, en fin, todos los que se dedican al arte de acomodar palabras, son también a la vez, sin proponérselo, verdaderos cronistas de su época” (El escritor, un cronista de su época, en revista La Gaceta, 2020). La literatura tiene muchas funciones educativas y otras tantas fuera del rol de la educación, una de ellas es ser utilizada como un desahogo, en otras palabras, una denuncia social. Es sabido que sin historia no hay literatura y viceversa, puesto que la literatura es un reflejo de una situación o periodo de tiempo determinado. Por esto, al momento de leer una obra literaria, ya sea obra de teatro, cuento, novela o poesía, es necesario saber el contexto situacional en que fue escrita dicha obra; de esta forma el contexto ayuda para una mejor comprensión de la misma.

Cada país (o lugar) tiene una historia que contar, ya sea de éxitos o de fracasos. Sin embargo, no todo se escribe en los libros de texto –específicamente de Historia–: también se plasman en los textos literarios, aunque de una forma más dinámica, como lo enseña Mariano Azuela en su obra Los de abajo (1920), que trata sobre la vida de las personas de la clase baja en medio durante la Revolución mexicana.

La Revolución mexicana fue un conflicto que empezó en 1910 a causa de la inconformidad con el gobierno de Porfirio Díaz, lo que llevó al pueblo a una guerra civil, derivando en divisiones políticas y sociales en el país. Esta revolución dio inicio con el levantamiento liderado por Francisco I. Madero, quien mantuvo su posición en contra de la reelección de Porfirio Díaz a la presidencia, debido a que este había gobernado México por más de treinta años. Esta sublevación tuvo múltiples motivos. Sin embargo, los principales fueron: la desigualdad social y la concentración de la riqueza, la inexistente libertad política, despojo de tierras a los campesinos, latifundios, poca (o ninguna) libertad de expresión, represión y uso de la fuerza. Como consecuencia, este movimiento revolucionario obtuvo mejoría de la situación laboral, repartición de los latifundios entre los campesinos, renuncia de Porfirio Diaz, reforma agraria, entre otras (Portal Ciudadano del Gobierno del Estado de México, s. f.).

Los de abajo es una obra literaria que ejemplifica las vicisitudes que pasó el pueblo mexicano en medio de la revolución, dígase los diferentes tipos de abusos y explotaciones. Esto se evidencia al inicio de la obra, cuando un soldado va en busca de un caudillo porque estaba en contra de los ideales del gobierno de turno:

“—Sargento, tráeme una botella de tequila; he decidido pasar la noche en amable compañía con esta morenita… ¿El coronel?… ¿Qué me hablas tú del coronel a estas horas?… ¡Que vaya mucho a…! Y si se enoja, pa mí… ¡plin!… Anda, sargento, dile al cabo que desensille y eche de cenar. Yo aquí me quedo… Oye, chatita, deja a mi sargento que fría los blanquillos y caliente las gordas; tú ven acá conmigo. Mira, esta carterita apretada de billetes es sólo para ti. Es mi gusto. ¡Figúrate! Ando un poco borrachito por eso, y por eso también hablo un poco ronco… ¡Como que en Guadalajara dejé la mitad de la campanilla y por el camino vengo escupiendo la otra mitad!… ¿Y qué le hace…? Es mi gusto. Sargento, mi botella, mi botella de tequila. Chata, estás muy lejos; arrímate a echar un trago. ¿Cómo que no?… ¿Le tienes miedo a tu… marido… o lo que sea?… Si está metido en algún agujero dile que salga…, pa mí ¡plin!… Te aseguro que las ratas no me estorban. —Una silueta blanca llenó de pronto la boca oscura de la puerta. —¡Demetrio Macías! —exclamó el sargento despavorido, dando unos pasos atrás.” (p. 3).

Este episodio da inicio a la trama principal de esta obra literaria, puesto que, a partir de ahí, Demetrio, sale motivado a la revolución, en busca de la libertad de su pueblo (o del país). Sin embargo, hubo otro punto detonante que instó a Demetrio a encontrar su libertad al momento de salir de su casa, dejando a su mujer e hijo, y fue la quema de esta:

“En cada risco y en cada chaparro, Demetrio seguía mirando la silueta dolorida de una mujer con su niño en los brazos. Cuando después de muchas horas de ascenso volvió los ojos, en el fondo del cañón, cerca del río, se levantaban grandes llamaradas. Su casa ardía…” (p. 3).

Azuela relata en estos episodios la persecución a las personas que estaban inconformes con las ideas políticas de ese tiempo, hasta llegar al punto de destruir sus posesiones, para así bajar la moral de los que estaban en contra del gobierno. Pero, según esta obra, ocurría lo contrario, pues cada vez se motivaban más personas a participar en la revolución en contra del régimen dictatorial de esa época.

También destaca que cada revolucionario en la lucha con Demetrio había perdido algo de valor o que consideraba valioso. En esta obra menciona a un soldado en específico, Luis Cervantes, que había desertado de la milicia (taxativamente de los ideales del gobierno) por ver el maltrato que recibía el pueblo por parte de los soldados del régimen, motivo por el cual se alistó al movimiento iniciado por Demetrio en búsqueda del bienestar del país (aunque en un principio se presentó a este último solo como periodista y estudiante de medicina): Me llamo Luis Cervantes, soy estudiante de medicina y periodista. Por haber dicho algo en favor de los revolucionarios, me persiguieron, me atraparon y fui a dar a un cuartel… (p. 9).

Además, Luis Cervantes, hace alusión a que no solo él como soldado sufrió por ver el pueblo en esa decadencia, sino que otros soldados también pensaban estar de parte del pueblo y que estos no merecían pasar por todo lo malo que estaban atravesando:

Edición de Los de abajo, de Mariano Azuela, ilustrada con dibujos de Diego Rivera

“Luis Cervantes, pues, se hizo acreedor a la confianza de la tropa. Hubo soldados que le hicieron confidencias temerarias. Uno, muy serio, y que se distinguía por su temperancia y retraimiento, le dijo: ‘Yo soy carpintero; tenía mi madre, una viejita clavada en su silla por el reumatismo desde hacía diez años. A medianoche me sacaron de mi casa tres gendarmes; amanecí en el cuartel y anochecí a doce leguas de mi pueblo… Hace un mes pasé por allí con la tropa… ¡Mi madre estaba ya debajo de la tierra!… No tenía más consuelo en esta vida… Ahora no le hago falta a nadie. Pero, por mi Dios que está en los cielos, estos cartuchos que aquí me cargan no han de ser para los enemigos… Y si se me hace el milagro (mi Madre Santísima de Guadalupe me lo ha de conceder), si me le junto a Villa…, juro por la sagrada alma de mi madre que me la han de pagar estos federales’.” (p.10).

Esta lucha por la libertad atrajo a un sector muy particular, las mujeres. En el transcurso de su viaje a la libertad, a cada lugar que se posaba Demetrio le rodeaban mujeres que se unían en un mismo sentir con él para obtener la paz del país. La incorporación del género femenino a la lucha resalta su valor y la igualdad que tienen ellas en relacion a los hombres, puesto que las mujeres a lo largo de la historia han sido consideradas como el sexo débil.

Aunque después que las mujeres se unían al pequeño ejército de Demetrio, desarrollaban sentimientos amorosos por los caballeros, ellas permanecían en su lucha por la libertad y el desarrollo social para todos. Este fue el caso de una llamada La pintada (quien tuvo un final un tanto trágico debido a sus impulsos), a quien Demetrio conoció en un bar: ¿Conque usté es el famoso Demetrio Macías que tanto se lució en Zacatecas? —preguntó la Pintada. (p.36)

En conclusión, es visto que la literatura es una fuente invaluable para el uso de la denuncia social o expresión de la realidad en un momento determinado. A lo largo de esta obra, se puede ver la influencia de la Revolución mexicana y de como esta afectó a la clase social más pobre, a “los de abajo”. Esta obra literaria nos brinda la oportunidad de evidenciar la historia de un país, México, por medio de la literatura, contextualizándonos así una realidad que afectó a miles de personas y que desencadenó miles de muertes. Finalmente, la literatura nos permite conocer la historia de una forma muy creativa que nos termina involucrando para así aprender de ella. Se dice que quien no conoce su historia está condenado a repetirla y una de las formas más hermosas de conocer la historia, ya sea de un lugar o de un objeto, es la literatura.

El arte de escribir nos da vida y nos lleva a otros mundos. Escribamos sobre nuestra historia en novelas, cuentos, obras de teatro, para así, dejar un legado o un aprendizaje a las futuras generaciones que van a surgir.

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Mildileidy Solano es estudiante de la Licenciatura en Lengua Española y Literatura en el Instituto Superior de Formación Docente (ISFODOSU)