El simposio recién celebrado en la República Dominicana sobre el escritor español Antonio Pereira origina este dossier. Cuanto encontrará el lector de la Plenamar de Junio ha sido elucidado en el siguiente texto, difundido por la Fundación que lo distingue y enaltece:

«El legado y la maestría literaria del poeta y narrador leonés Antonio Pereira (1923-2009) han conquistado las tierras caribeñas tras la celebración, con un rotundo éxito de asistencia y participación, del simposio “Antonio Pereira: Obra y Vida”. Los encuentros tuvieron lugar entre el 21 y el 23 de mayo de 2026 en los espacios culturales más destacados de la República Dominicana: el Centro Cultural de España de Santo Domingo (CCESD) y el Centro León de Santiago de los Caballeros, logrando congregar a decenas de estudiantes, creadores y amantes de las letras.

Organizado por la Fundación Antonio Pereira en colaboración con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), el evento funcionó como un puente cultural excepcional. Las actividades combinaron el rigor científico de las ponencias con la emotividad de espectáculos artísticos diseñados para revivir al poeta y narrador villafranquino.

 

Un programa de alto nivel y participación multidisciplinar

Las primeras dos jornadas se desarrollaron en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Allí, prestigiosas figuras de las letras españolas y dominicanas profundizaron en el uso del humor, la brevedad y la lírica minuciosa del autor. Entre los ponentes españoles Joaquín Otero Pereira (director de la Fundación), el poeta Juan Carlos Mestre y el director teatral Miguel Ángel Varela. Por la parte dominicana, el análisis crítico estuvo a cargo de célebres intelectuales como los poetas José Mármol, Soledad Álvarez y Plinio Chahín y el ensayista Jochy Herrera, todo moderado por el poeta y arquitecto José Enrique Delmonte.

Durante el simposio se presentó la antología de cuentos y poemas de Pereira Sesenta y cuatro caballos, editada por Huerga & Fierro, con proemios de los dominicanos citados Mármol y Herrera. Fueron distribuidos entre los asistentes a los actos 400 ejemplares.

 

Emotiva clausura en Santiago de los Caballeros

El sábado 23 de mayo, la delegación se trasladó a la hidalga ciudad de Santiago de los Caballeros. El auditorio del Centro León acogió la jornada de clausura, a la cual se sumó el destacado poeta y catedrático dominicano Fernando Cabrera

El público de Santiago ovacionó el espectáculo musical y poético “Son de Pereira”. Este montaje combinó grabaciones de la voz del propio Antonio Pereira con la recitación en directo de Juan Carlos Mestre, las melodías al acordeón del músico Cuco Pérez y la narración de Miguel Ángel Varela.

Con este exitoso simposio, la obra de Antonio Pereira se consolida de manera definitiva en el ámbito internacional, logrando que sus poemas y relatos resuenen con total vigencia en el corazón del Caribe.»

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WhatsApp-Image-2026-04-21-at-11.32.03-AM-728x1021En el mismo Caribe dominicano del El álbum K de Miguel Ángel Bratini (libro ganador del Premio Joven de Poesía de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo en 2012), analizado aquí magistralmente por el profesor e investigador dominicano Andrés Martínez: El personaje que se llama a sí mismo K presenta la degradación de la personalidad humana en las calles contaminadas donde “las putas recuestan sus espaldas sobre las paredes mugrosas”; miedo y pavor en “una acción predispuesta antes de salir a la calle”; y esperanza en la acción divina o particular, donde “hay quienes piden a Dios, hay quienes piden al Diablo y hay quienes piden que todo termine”. Ese mismo Caribe de la novela Lukio Santo Domingo, de Luis R. Santos, vista detalladamente por la ensayista nativa María Isabel Echavarría Montero: Santo Domingo, “primada y última, ciudad laberinto, ciudad abismo (…) una ciudad que se viste de Armani mientras abandona a sus hijos más vulnerables a la intemperie”.

El K de Bratini es hombre melancólico en el barrio. Justine también lo es, entre los fastos de su boda justo en el punto límite, apocalíptico, de la humanidad, mostrado en la película de Lars von Trier Melancolía (2011), y ante el ojo crítico de Ariosto Antonio D’Meza. Ella comprende que “la sociedad moderna funciona como un gigantesco teatro emocional donde todos deben aparentar control incluso cuando la frivolidad resulta insoportable”, a lo cual responde con absoluta anhedonia. La respuesta de K es distinta: sólo salió al mundo “armado hasta los dientes y disparé contra todo lo que tuviera movimiento o al menos pareciese moverse. Al disparar la última bala desaparecí en una explosión suicida”. Muere solo, pero el mundo de Justine, en cambio, el mundo nuestro, el mundo entero, está a punto de expirar por una colisión con otro mundo.

Y el otro K –el fallecido hace 102 años– parece más vivo que nunca. La necrológica y el obituario escritos entonces por Max Brod y Milena Jesenská, a los que nos retrotrae D’Meza así lo apuntan: Kafka murió y, sin embargo, en sus páginas aparece una inquietante familiaridad con nuestro presente: “la angustia kafkiana ya no pertenece exclusivamente a la literatura: se ha convertido en una experiencia cotidiana para millones de personas que se enfrentan a procedimientos automáticos, decisiones incomprensibles y estructuras que parecen existir sin rostro ni centro”. Siempre tuvo “la mirada sensible de un hombre que vio el mundo con una claridad tan insoportable que no pudo sobrevivir a ella”.

Todo esto nos conduce a las páginas en las que el filósofo Fernando Ferrán reclama que ahora vivamos “rodeados de pantallas que hablan, notifican, vibran, interrumpen y exigen atención como vendedores desesperados en una esquina digital.”, y trata de responder a cómo salvar la atención cuando el mundo quiere convertirnos en reflejos rápidos.

La tierra se comprime, de real pasa a virtual, va de planeta a isla. La isla también se achica. Eso, al menos en los poemas inéditos de la puertorriqueña Margarita Pintado Burgos –caribeña, para ampliar–, provenientes de su libro La isla se achica, con el que acaba de obtener el Premio Nacional del Instituto de Cultura Puertorriqueña 2026. La poesía (ya se ha dicho): fin y principio de todo.

Soledad Alvarez, M.A. Varela, Cuco Pérez, Plinio Chahín, Jochy Herrera, J.C. Mestre, José Mármol, Joaquín Otero y José Enrique Delmonte.