El pasado 23 de mayo no fue un sábado cualquiera; el destino se confabuló para grabarlo en la memoria. En plena madrugada, tras un acuerdo de última hora, nos preparamos para recibir entre poetas y artistas a la delegación. Venían en una “caravana gitana”, como bien apuntó Jochy Mármol, quien junto a Jochy Herrera –el otro conductor designado– desafió los 150 kilómetros de una Autopista Duarte en eterno proceso de construcción. Crucé mensajes al alba con Gina Rodríguez, Luis Córdova, Rafelito Mirabal y Rafael Almánzar. Nos unía el afán de acoger a los Quijotes de la Fundación Antonio Pereira con la pasión campechana del filandón leonés en este, el primer Santiago de América. Un Santiago tan orgulloso de sus raíces pueblerinas que el propio Hostos lo bautizó como la “provincia más provincia”.

Aunque la cita formal era al caer la tarde en el Centro Cultural Eduardo León Jimenes –gracias a la generosidad de María Amalia León, presidenta de la fundación, y a las finas atenciones de Luis Felipe Rodríguez y María Luisa Asilis–, decidimos trazar antes un entrañable peregrinaje. Guiamos a la delegación de españoles y criollos por el circuito cultural que hoy revitaliza el casco antiguo santiaguero. Durante poco más de una hora, los visitantes se entregaron a un recorrido que inició en los salones rejuvenecidos del hogar republicano que ahora albergará por siempre a Casa de Arte. Desde allí, avanzamos por el Bulevar de los Artistas, el Museo de Arte de Santiago, el Centro Cultural BanReservas y el Palacio Consistorial. En el trayecto, descubrieron con asombro la faceta de Minerva Mirabal, quien más allá de su legado como mariposa y amazona, dejó plasmada su historia familiar en óleos y esculturas rústicas. Con el firme propósito de sembrar en ellos un deseo irrefrenable de volver, los sumergimos en la cotidianidad del Parque Duarte, enmarcado por su retreta centenaria y la imponente Catedral Santiago Apóstol. El paisaje urbano se completaba con el contraste del edificio brutalista de la Gobernación y las joyas arquitectónicas del Centro de Recreo y el Palacio Consistorial. En este último espacio, los contagiamos del fervor carnavalesco a través de las caretas y trajes de los lechones, ese personaje tan nuestro, alegre y provocador.

Una vez en el Centro León, sus ejecutivos nos dieron la bienvenida en nombre de nuestra anfitriona, doña María Amalia León, quien se encontraba retenida por compromisos previos en Santo Domingo. Sin demora, disfrutamos de un opíparo almuerzo: un chivo preparado al estilo de la ropa vieja cubana, cazabitos aderezados con albahaca y aceite de oliva, berenjenas a la parmesana, arroz primaveral y, por descontado, buen vino y un aromático café. La sobremesa se prolongó gratamente, fundiéndose con los preparativos técnicos y la puesta en escena del evento principal. El homenaje al escritor Antonio Pereira resultó una experiencia sencillamente asombrosa e inolvidable. Al caer la tarde de este maravilloso sábado, un numeroso público se dio cita para disfrutar de una velada entrañable, colmada de deleite estético y esperanzas renovadas. El núcleo del acto fue el recital dramatizado del gran poeta español Juan Carlos Mestre, quien junto a los artistas Cuco Pérez y Miguel Ángel Varela, revivió la esencia del extraordinario poeta y narrador leonés a través de sus versos más emblemáticos. Este momento cumbre estuvo antecedido por la proyección de un video biográfico presentado por Joaquín Otero Pereira, director de la fundación homónima, y de la conferencia “Antonio Pereria, orfebre de la Memoria” sobre la obra poética y narrativa del autor del filandón leones que tuve el honor de impartir. Como broche de oro, el auditorio puesto en pie selló la jornada con un cálido y prolongado aplauso.

Exaltados y con la adrenalina a flote, los representantes de la Fundación Antonio Pereira, los poetas y músicos del elenco, los Jochy anfitriones, Rafelito Mirabal y yo, despedimos la noche compartiendo una cena memorable. Degustamos pastas al limón, costillas de cordero, filetes de cerdo, pastas marineras y ensaladas variadas, todo aderezado con un exquisito aceite de oliva extra virgen y realzado por las notas afrutadas de unos tintos de reserva especial. Entre copas, fluyeron palabras en la lengua de Cervantes y Pereira que habrán de quedar grabadas para siempre en nuestros recuerdos. Ha sido una jornada de sábado que reconfirmó nuestra fe en la poesía, en el poder sanador del arte y en el inestimable valor de la camaradería.

—–

Fernando Cabrera es poeta y académico. Posee un Doctorado (PhD) en Estudios de Español: Lingüística y Literatura. Maestría en Administración de Empresa e Ingeniería de Sistemas y Computación.