Esta Plenamar de abril es caribeña. Y hace falta coraje para navegarla.
Uno zarpa, es verdad, desde el remanso de la mar domada, en la ribera libre de oleajes, donde el espíritu consigue fondear en su sosiego. Pero, una vez libre del lastre de la tranquilidad, abandonado el fondeadero del reposo, empiezan los embates que invitan a pensar, a meditar el mundo, a trastocar la metafísica. Comienza la poesía. Te encuentras en sus aguas. En aguas caribeñas.
Y esta mar está poblada de misterios y de complejidades, de paradojas y de trampantojos. Es atlántica… y pacífica también. Es azul por un espejo, una esmeralda líquida, turquesa tibia y seminal: una ola congelada en el cristal de una canica. El Caribe es divisible y además archipelágico, huracanado y único, donde las razas de la tierra enraízan.
Comenzaremos con un dossier armado por el escritor dominicano Valentín Amaro con trece jóvenes poetas de Haití, “la otra orilla de la isla”. Proseguiremos, a toda vela, con la ruta sociocultural histórica trazada por el poeta y académico de la lengua puertorriqueño José Luis Vega en “Las islas incompletas”, conferencia que dictara hace unos meses en nuestro país, como parte de la Cátedra de Literatura Caribeña René del Risco Bermúdez.
Después seguimos navegando en libros. El analista Nasarquín Santana asegura que Ciudadano póstumo, lo más reciente del narrador dominicano Luis R. Santos, en una novela que trasciende la insularidad, de modo que eso es bogar, no costear, no bojear la orilla: “Deslizarme por las páginas finales de Ciudadano póstumo me produjo la sensación de tener en mis manos una de esas novelas raras veces compuesta del principio activo de lo perdurable. Comprobé su naturaleza atemporal y su capacidad de trascender los límites de la insularidad”. Y continuamos por las Antillas al reseñar la antología de poetas cubanos y dominicanos nacidos entre 1959 y 1979 que editaron y seleccionaron Martha Rivera-Garrido y Ricardo Alberto Pérez para la editorial madrileña Huerga & Fierro en 2025, la cual titularon El pez y los ojos. Somos caribeños, pues, “llevamos la marca del enigma”, dicen Martha y Ricardo en estas páginas que unen por primera vez en un trabajo antológico poetas dominicanos y cubanos exclusivamente.
La ucraniana Salomea Slobodian ha resultado ganadora de la primera convocatoria del Premio Hispanoamericano de Poesía “José Mármol”, poeta nuestro que se destaca como una de las voces más lúcidas de la poesía caribeña. Aquí les contamos los pormenores, sin dejar de surcar las aguas. Y sin dejar de mirar al cielo pues, a propósito del exitoso despegue de la misión Artemis II de la NASA el pasado 1 de abril de 2026, iniciamos la cuenta progresiva de la poesía dominicana que ya reposa en suelo lunar. Sí: hay poemas dominicanos en la luna, y en Plenamar reproducimos uno de ellos, el de Fernando Cabrera.
La acostumbrada sección de Cine que nos presenta Ariosto Antonio D’Meza no se queda en nuestro mar picado, sino que viaja hasta Polonia, tras el cine-pensamiento, la pintura en movimiento de Lech Majewski en su película El Molino y la Cruz. Pero este número de Plenamar sale de puerto el Sábado Santo de 2026, ese día intermedial del periodo litúrgico que precede a la resurrección de Jesucristo, así que es pertinente. “La crucifixión de Cristo —que en otro contexto sería el centro narrativo— se pierde en la multitud”, nos dice el crítico con su habitual profundidad: “La tragedia no es individual, sino estructural. Es la tragedia de la historia. De la violencia. Del tiempo”.
De tragedia, violencia y tiempo se construyó la historia del Caribe. Como recuerda aquí el poeta Philippeson Juste: zurciendo el país hilo por hilo, aprendiendo a sangrar en silencio. Ser caribeño ocurre, como titula un poema de Raynaldo Pierre-Louis, “cuando es un crimen ser isleño” y “los poetas-funámbulos caminan sobre cuerdas del exilio”
La teoría es abundante y lo explica en muchas páginas. La poesía lo hace en una sola:
De isla en isla
estoy gravitando pueblos dictadores.
Esta isla de este mundo entero
esta isla mutante
(…)
Esta isla verde, roja, cenizas
esta isla de metal, de escombros
esta isla roja y ceniza abrazada
aguantando vidas post-mortem
aguantando simulacros de paraísos
aguantando la plaga de voces acéfalas
(Samuel Gregoire)