Para cualquier proyecto cultural, cumplir los quince años es un rito que celebrar igual que un onomástico vital, un recorrido de existencia progresión. Un encuentro de poesía, una convocatoria lírica que alcanza dicha edad entra en una zona de fijeza y esplendor, donde la tradición deja de ser promesa y comienza a ser legado. Una convocatoria así de firme atraviesa un umbral simbólico: abandona los albores de sus primeras tentativas y se afirma en suelo firme como cuerpo colectivo, como cuerpo que ha aprendido a sostenerse y a irradiar sentido.
La Semana Internacional de la Poesía Santo Domingo celebra su decimoquinta edición del 19 al 24 de octubre, en este 2026. Y eso merece celebrarse con un sólido dossier poético que Plenamar ha preparado para empezar octubre. El evento irradiará desde Santo Domingo hasta distintas regiones de la República Dominicana, con la participación de múltiples poetas internacionales. Será inaugurada el mismo lunes 19 en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y los países representados por sus poetas son Argentina, Bolivia, Bulgaria, Colombia, Cuba, Chile, España, Francia, Italia, México, Perú y Venezuela. Habrá lecturas de poesía y paneles abiertos al público en universidades y centros culturales. Mateo Morrison –presidente de la Fundación Espacios Culturales–, José Mármol –presidente del festival–, y los demás integrantes del Comité Organizador merecen vítores porque, sumando las “Semanas”, han arribado a 15, número mágico y auspicioso.
En estas páginas hechas de bits reproducimos una conversación con Máximo Caminero (Santo Domingo, 1962), artista visual dominicano, escritor y líder cultural radicado en West Palm Beach, Florida, reconocido por su pintura abstracta y su filosofía visual que combina herencia taína, memoria afrocaribeña y exploración de la conciencia.
Hay más poesía y más conmemoración: el narrador y poeta ochentista Amable Mejía ha escrito un contundente poema acerca de Nueva York durante el mortal atentado al World Trade Center, desde la perspectiva de quien pudo estar ahí, y ve el dolor con mar por medio.
Nuestra dramaturga y actriz Margaret Sosa redacta una crítica teatral sagaz y lúcida acerca de Brito, obra del reconocido dramaturgo dominicano Reynaldo Disla que ha sido presentada hace poco en la escena nacional: “La pieza –afirma– demuestra la gran habilidad que tiene el dramaturgo en los aspectos audiovisuales, proponiendo desde sus momentos escénicos una red de fotogramas que narran de forma fragmentada, pero coherente, la vida, las situaciones, el ascenso y el descenso del barítono Eduardo Brito”.
La sección Libros incluye dos reseñas de recientes poemarios esta vez. Una es sobre Inmaculada concepción de Roger Santiváñez (por Josué Barrón), pero la otra es homenaje y es nostalgia: el prólogo que en 2013 escribiera Juan Gelman para el libro del novísimo poeta argentino Ignacio Uranga titulado Materna, el cual aparece recuperado en No hay, no queda, acá, nada, poesía reunida de Ignacio Uranga que acaba de publicar la editorial Paradiso en Buenos Aires.
Finalmente, un ensayo de cine, escrito con exclusividad para Plenamar por Ariosto Antonio D’Meza, de notorios rigor y perspicacia. Reflexiona que sobre la transformación del cine con el paso de la película fotoquímica al soporte digital y, actualmente, a las imágenes generadas mediante inteligencia artificial. La pregunta central es si, al cambiar radicalmente la naturaleza del soporte y de la relación entre la luz y la imagen, seguimos hablando exactamente del mismo arte.
“He intentado –manifiesta nuestro autor– llevar la reflexión más allá de la nostalgia por el celuloide y plantearla desde una perspectiva ontológica, estética y también cultural: la huella fotoquímica, la resistencia de la materia, la transformación de la mirada del espectador y, finalmente, la aparición de una imagen que ya ni siquiera necesita que aquello que representa haya existido”.
A así, también sumando semanas, Plenamar consuma su paso por el arte, la cultura y el pensamiento hacia otro octubre y otro otoño.