Catalina Boccardo expone en “Partidas – Bien común” una matriz retórica, el pulso ora frenético, ora cauto, del recuerdo, los presagios y el amor, bajo sus diversas máscaras (indefensión, exilios, muertes); junto con el prójimo y en contra de él (“Saturday night fever / los irreales gritos / un Mundial de fútbol”). Consciente de que cada cual es dueño de su miedo y de su afán, el presente volumen indaga para tener siempre presente ese motivo, recuerda para saber que se tuvo algo con sus fintas y brillos y pergeña un acto de fe con todo el ímpetu del mundo que necesita cualquiera que se posiciona a cierta hora ante un cuaderno y un rectángulo en blanco, para intentar el registro minucioso de cuanto aguarda y que luego no será posible volver a ver más (“y sé / alguna vez / debí ser el amo / alguna vez fui sus perros”). Correr riesgo, ruego o riego; al abrir del corazón de otros, se corre el riesgo de hallarlos hueros; pero se sabe que en los libros cualquiera miente o se equivoca y en ello reside la gracia e imaginamos que hay razones que se aprenden cuando no se consiguen enunciarlas a tiempo o cuando no se comprende alguna broma pasajera en esos filmes con un final feliz; y entonces ya es improbable confundir el camino con los nombres que lo alegan, la sangre con la plática de la sangre como tema para los talleres de escritura creativa: (“Palabra adentro de otras / Quien te escribe / Así / se saca la mordaza”).

De la hija única

Nada en la voz
al despertar
junto a restos de flores
y un poco de basura
sin barrer

su aire viudo
mueve los espacios
hojas póstumas
la madre aletargada
me saluda
como a una hija
después de todo

*
Viva sostenía los platos
Se ofrendaba toda a él

Ella antes me hizo sentir
por fuera del círculo
de la comida
un poco suelta iba yo
por el mundo

*
Pero he regresado
que bendiga
mi frente
sus manos trajinadas
hasta el padre

De esta forma
brotan cactus

se extirpa por fin
lo que punza

Ahora, lo vuelve a poner a él
en un altar

*
Y ellas cobijan de a dos
la casa las deudas
no atan
su nombre en vano
nunca se trueca
ni se regala
el amor                          un objeto indecible

Ahora juntas lo vuelven a su altar

*
Los gatos se arremolinan
adentro de la oscuridad
protectores del sillón
y su memoria

Desde la otra punta observo el hundimiento

mis ojos ni siquiera parpadean
no delataré a ningún ser
que descanse
sobre la almohada

Suaves, cálidos
perturbadores

*
Estoy rodeada
el único hueco
*
Los tres gatos libres
Mi madre en la pena
Sus pájaros
inocentes
se agregan
a la jaula ventosa
de esta historia
entre barrotes

*
Miro cómo se reabsorben
las plantas

si la madre las riega
es distinto –me digo–
ha roto un código
lo de abajo y lo de arriba
a todas luces

*
A una familia la imagino
alegre algunos días
melancólica
de noches descomunales

Ellos habían extraviado todo
yo tengo un reproche
jugoso
fértil

*
Con esmero cuidaron jardines
huertas
sus tantos hijos
que no tuvieron

Soy hermana de lo que sigue vivo

*
Olor a hortalizas
chiquitas
se cuecen
parece un manto
el vapor
retorciéndose

voy hacia la puerta de su habitación
golpeo
mi madre abre los ojos despacito
golpeo
ella en su sitio
la vida se ha movido

*
El teléfono no para de sonar
la cadencia de cualquier voz
la visión nos abandona
el abrazo inoportuno
no haber apretado más
un padre
su caja de cenizas
a cuestas
de la hija única

*
La pequeña madre
libélula
colibrí tornasol
entrecorta
las campanillas

guardo las figuritas
de imágenes brillosas
aquella infancia
veraz

La pequeña madre
se duerme sobre mi hombro
mientras pienso qué hacer con
las cosas que no vamos a usar

encuentro belleza en lo inútil

*
Acordamos por fin
que el padre ha fallecido

vivimos una en paralelo a la otra
quién da de comer
quién alimenta si la otra
se evade

*
Siguen naciendo tomates
en la tierra
muerdo las sudorosas
palabrejas:
Agrícola
Pedestre
Hija

 

Del norte

La sandía y la cuchara

Me pregunto porqué
Nadie usa paraguas
como lo hacía mi abuela
bajo el sol

y el clima azota

Sufrir de cemento
en las calles
se abeja la materia
se extingue

Ella usaba un paraguas
A la vera de la ruta
A la hora señalada
A modo perspicaz del silencio

La recuerdo en el campo
y tomo una cuchara
y la clavo
en el centro del corazón
de agua

Mientras el llanto
me señala
lo nefasto
la rotación brutal
entre los pies

Un estrellamiento
de semillas negras
que separo con los dedos

Una bocanada verde corté con este cuchillo

 

 

De una excavación (literaria)

Léxico

1.
Donde las plantas se comen unas
a otras
oleaginosas
siglo I del Jardín Occidental

la vestal marmórea
clava sus ojos duros
sobre comensales
alivianados por devaneos
de uvas
y un día un volcán
cubrirá de fuego
lo que haya que cubrir

Pero la palabra viridium
no

Esplendor
tallada en mosaicos
se sigue desnudando

Pobre Pompeya
piernas como macetas
corpus en sintaxis
germinan la flor y la ensalada
de emperadores
de rústicos
Plantae
Mundus mundi

2.
CAVE CANEM
(cuidado con el perro del que vive allí
los que osen entrar sin permiso
se lleven lo que no es suyo)

Yo, absorta
no dejo de mirar
ese portal enterrado
y aún creo:
el arte es pura traición
a los ojos
y lo traspaso

Vergel derruido
por batallas
éxodos
la inmensidad del trauma
los antecesores

tanto oro, comercio, ardid
en esta lengua inquieta
que hablo
su balbuceo de origen

no dejo de ver mis rasgos
en algún espejo
cuarteado de andar
y sé
alguna vez
debí ser el amo
alguna vez fui sus perros

 

 

Confusos

Sin un cronos
Aquello resuena
canta
maldice

Palabra adentro de otras
Quien te escribe
así
se saca la mordaza

Ese hilo comunitario
El bien común
Esa riqueza abandonada

El resentimiento debe narrarse
Curar

Acaso naciste sano
Amable
Hermoso

O detrás del discurso
otro se lame la herida
la genealogía
la falla

el poema de esta tragedia muda

y alguien, algo
desdoblándose

 

 

Hamaca paraguaya*

Los hijos de la selva
no volverán
a sus padres

                       …no me hallo, yo quiero que venga mi hijo

La espesura de mangos y orquídeas
dejó un moretón
como la serpiente a los tobillos
cada jornada

pero este animal novedoso
pero el devorador

                      …y si nos equivocamos?

Las familias, la leva
sangre incomprensible

                       …ya no hay que esperar nada

Desde el cañaveral
una presencia

                        …no me vas a decir nada, mamá

y tu corazón
tu órgano certero
se mece adentro
al ritmo infinito
de una hamaca
                         …me duele mi hijo

A tu progenie le pusieron un fusil en las manos
para matarse
el deseo

                         …la muerte se hace sentir

Y un ejército de dudas
Y el monte frío insomne la diáspora

Los yaguaretés olfatean las huellas de los hijos

*Título de Paz Encina. Las voces en cursiva provienen de su film sobre la Guerra del Chaco.

—–
Catalina Boccardo (Argentina, 1961). Publicó, entre otros, los siguientes títulos: Collage, El Viaje y el Ombligo, Formosa, El Pico de los Pájaros. Se recibió en la Maestría de Escritura Creativa (UNTREF). Edita “Periferia Sur”, una columna de difusión de poetas de Argentina para la revista mexicana “Poetripiados”.