Han pasado 112 años desde que Julio Cortázar nació, y 42 desde que dejó de estar. Desapareció el escritor Cortázar para dar lugar a Cortázar como autor. Es lo que afirma de manera magistral Manuel García Cartagena: el argentino renunció “a su estatuto de escritor con el único propósito de permanecer vigente como autor”. Con esta argumentación por eje, y bajo el título sutil de “¿Se puede leer hoy a Julio Cortázar?”, García Cartagena sondeó el universo cortazariano durante el Ciclo de Conferencias “Julio Cortázar: la mirada del otro lado”, organizado el pasado 31 de enero en el Foro Pedro Mir de la Librería Cuesta por el doctor Juan Carlos Toral, con 8 expositores en total. Este material da estructura el dossier de este mes en Plenamar.
Yulissa Álvarez Caro propone que no se puede leer los cuentos de Cortázar y salir ileso, porque este no es un juego tan inocente. Eugenio Camacho cree que la escritura del autor de marras fluye entre los límites de la realidad y la fantasía. Plinio Chahín puede captar la respiración secreta de lo fantástico en su atmósfera. José Enrique Delmonte se ve como el lector que, en un retorno eterno, se ubica en el bucle de Rayuela. Jochy Herrera revive la atadura fértil que sostiene su obra entre el arte letrado y las artes visuales. Y Juan Carlos Toral visualiza la indisolubilidad del tándem Borges-Cortázar, Cortázar-Borges, por todo lo que significó para ambas trayectorias de escritura y por todas las interpretaciones históricamente vertidas al respecto.
Cortázar fue el poeta entre los narradores del Boom, de manera que insistir nosotros en el género de géneros también le hace justicia. Así, nuestros lectores además cuentan con, por ejemplo, un trabajo celebratorio de ese hombre de teatro con efectivas dotes de gestor que es Carlos Sánchez. Otra faceta suya es la de poeta y, en la sección Debate, detalla su paso como lector invitado a la Semana Internacional de la Poesía, ese evento en el que anualmente desembocan voces relevantes de varias partes del mundo, dando a la mar Caribe de nuestras costas literarias. Casi de inmediato, en Pensamiento, la poeta-editora-gestora cultural mexicana Jocelyn Pantoja amplía sus intereses intelectuales hacia el ámbito académico en un atractivo ensayo sobre las discusiones (antiguas y presentes) en torno a la pertinencia de llamar a una mujer que hace poesía poeta o poetisa, cosa que acaso atañería a Laura Giordani.
Argentina radicada en España, Giordani ha publicado hace pocos meses el poemario Micelio, que ha estado mereciendo cada vez más atención del público y de los críticos. Basilio Belliard ha recogido diez poemas de este libro, que ya leyó: diez preferidos por él. En la misma tesitura, el año trajo la contundente novedad de la compilación y publicación por la editorial española Visor de Donde todo triste ruido hace su habitación, de nuestro José Mármol, que reúne toda su poesía hasta el momento, en el arco temporal 1984-2019, así que reseñamos la primicia. El cine no debe faltar, y esa imposible ausencia la completa Ariosto Antonio D’Meza con una crítica al filme Eyes Wide Shut, de Stanley Kubrick, en cuyos fotogramas ve un reflejo a futuro de la geopolítica occidental de hoy.
Jochy Herrera, dijimos, resaltó el eslabonamiento literatura-artes plásticas en la obra de Cortázar. Algunos de sus libros hablan también con imágenes, resultando en algo más que simples Divertimentos. Este detalle nos hizo convocar a su compatriota Romina Cazón para ilustrar esta edición de la revista. Cazón nació en Jujuy, Argentina, y es poeta, artista multimedia y guionista. Reside actualmente en Ciudad de México. Es autora de diversos libros de poesía y experimentos visuales y dirige la revista de poesía “El Humo”, y los proyectos de poesía Zona noverbal y Poetas en mp3. Tiene una su haber cortometrajes, documentales y se espera la exhibición oficial de su primera película en este año 2026. “Mientras tanto”, nos asegura, “hace muchos collages y lee poemas en una cuenta de Tik Tok, Exceso de Nostalgia”.
Demos la vuelta, y volvamos a saltar esta rayuela digital: regresemos a García Cartagena para clamar y remachar con él una característica propia de la gran literatura: “ni la muerte misma del escritor logra afectar tanto al autor como la indiferencia de la comunidad para la cual escribe”, lo cual no es en absoluto el caso con Julio Cortázar, vivo todo el año, permanente entre sus entusiastas lectores. Así que todavía no es el Final del juego. Leámoslo una vez más. Y otra.


