La voz de un poeta dominicano de la Diáspora
Tomás Modesto Galán (n. 1951) pertenece a una generación de poetas latinoamericanos que crearon su literatura en un doble exilio: geográfico y lingüístico. Desde 1986, cuando se estableció en Nueva York, su poesía refleja esta posición intermedia –es a la vez caribeña y neoyorquina, lírica y política, erótica e irónica.
Su voz poética
La poesía de Galán se caracteriza como “eminentemente urbana” y combina la polifonía formal –verso libre, prosa poética, cantos rítmicos que recuerdan la tradición afrocaribeña– con el habla popular dominicana. Esta hibridez lingüística no es simplemente una elección estilística; es un acto político. Galán escribe desde dentro de la diáspora, trayendo al español los sonidos de la calle, del Bronx, de la música popular.
En sus poemas se encuentran la crítica social y política, la memoria de la dictadura de Trujillo, la vida en Nueva York y la cuestión de la afrocultura, todo dado con un tono irónico subterráneo que nunca se vuelve cínico. Siempre existe, incluso en sus poemas más oscuros, una fe en la posibilidad del cambio, de la resistencia, de la metamorfosis.
Amor y muerte: la pequeña redención
Uno de los temas centrales en la poesía de Galán es la conjunción de amor y muerte –no de la manera romántica de la tradición, sino con una inmediatez casi materialista. El orgasmo se convierte en “pequeña muerte” no como metáfora sino como experiencia literal de pérdida del yo. El cuerpo –con sus fluidos, sus olores, su fatiga– está siempre presente, pero nunca permanece meramente descriptivo. Detrás de cada escena erótica se esconde una reflexión filosófica sobre la pérdida, la ausencia, el fin.
Lo que hace especial el erotismo de Galán es la paradójica alegría con la que enfrenta el abandono. La partida, el olvido, el fin de la relación –todo se convierte en objeto no de lamento sino de celebración. Esta inversión de la postura lírica convencional crea una poesía que es a la vez dolorosa y liberadora.
Memoria política y resistencia
La dimensión política de su poesía nunca es simplemente declarativa. No escribe manifiestos ni textos propagandísticos. Por el contrario, su conciencia política se filtra a través de las imágenes, las metáforas, el ritmo. En algunos de sus poemas, la estructura se asemeja a una canción de protesta o a un canto ritual afrocaribeño –el motivo rítmico repetitivo funciona como un llamado a la acción colectiva.
Las imágenes de opresión –cadenas, cárceles, rejas, cuchillos en la garganta– no son abstractas. Representan la violencia real que vivió el pueblo dominicano bajo la dictadura, la experiencia de los desaparecidos, el dolor de la diáspora. Pero junto a estas imágenes, siempre está el llamado: la marcha colectiva, la resistencia masiva, la fe en que “si luchamos juntos, lo poco será mucho”.
La metáfora de la vaca que muere y que alguien sigue ordeñando –imagen del país, del pueblo explotado por el poder– es característica de la manera en que Galán combina lo rural con lo político, lo común con lo revolucionario.
Surrealismo y cotidianidad
Galán es maestro de la transformación surrealista de lo cotidiano. Una visita al dentista se convierte en reflexión poética sobre la identidad y el género. Un viaje en autobús se vuelve una odisea a través de islas secretas y geografías fantásticas. Una llamada telefónica, una escoba, una pasta dental –todo adquiere valor poético, todo puede transformarse en algo mayor que sí mismo.
Esta mirada surrealista no es un fin en sí mismo. Es una forma de ver el mundo con mirada fresca, de romper las convenciones de la percepción. Cuando Galán escribe sobre madres que aprenden a amamantar en una isla encantada, o sobre turistas que deben desnudarse antes de partir, no está simplemente describiendo escenas extrañas: crea un mundo paralelo donde las reglas de la lógica no aplican, donde la imaginación es la única verdad.
Y sin embargo, incluso dentro de este mundo onírico, la realidad cotidiana irrumpe: el impuesto sobre la renta, el autobús que te deja en la parada equivocada, el teléfono que no deja de sonar. Esta colisión de lo trascendente con lo completamente prosaico crea un tipo particular de humor –oscuro, irónico, pero nunca desesperado.
Metamorfosis e identidad
Otro tema recurrente es la metamorfosis –la posibilidad (o imposibilidad) de convertirse en algo distinto de lo que eres. Galán escribe sobre el derecho a ladrar, a convertirse en pájaro, a ser pulga. Estas metamorfosis animales recuerdan a Kafka, pero tienen también una dimensión profundamente personal: hablan del deseo de escapar de las categorizaciones, las clasificaciones, las identidades que el mundo te impone.
El “insecto interior” que debe salvarse, los entomólogos que deben vencerse –estas imágenes hablan de la necesidad de proteger la parte más vulnerable y auténtica de uno mismo de la categorización científica, de la violencia de la nominación. La gramática se convierte en metáfora de todas las reglas que deben violarse si quieres permanecer libre.
Género y sexualidad
Galán no tiene vergüenza de hablar abiertamente sobre género y sexualidad de maneras que permanecen raras en la poesía latinoamericana. Sus referencias al “segundo género” y al “tercero”, la aparición de Cenicienta como personaje contemporáneo que “volverá a cuidar a otra Cenicienta”, la negociación de la identidad sexual –todo esto es parte de una política más amplia: expandir los límites de quién puede hablar, qué cuerpos tienen voz, qué deseos merecen poesía.
No es casualidad que estas referencias se combinen con imágenes de cuentos de hadas (Cenicienta) o con actividades cotidianas (lavar, afeitarse, cuidar). Galán desacraliza la sexualidad de la esfera del tabú y la coloca dentro de la vida común, del trabajo, del cuidado.
La utopía de la felicidad
A pesar de la oscuridad de muchos de sus temas –la dictadura, la cárcel, la pérdida–la poesía de Galán nunca es desesperada. Siempre existe, incluso en los momentos más difíciles, una fe en la posibilidad del cambio. Esta fe se expresa a veces como “utopía” –no como algo que puede lograrse, sino como algo que puedes jurar, desear, luchar por ello.
La felicidad, en la poesía de Galán, no es dada: es un acto político. Es la decisión de celebrar la pérdida, de cantar dentro de la cárcel, de seguir creyendo que las mariposas volverán a tocar las ventanas del silencio.
Por qué leemos a Galán hoy
Para el lector griego, la voz de Tomás Modesto Galán puede resonar familiar. La poesía griega tiene su propia tradición de exilio y resistencia política, su propia relación con el cuerpo y la historia. Pero Galán trae también algo nuevo: la estética afrocaribeña, el multilingüismo latinoamericano, la mirada genderfluid, asexual, queer, que no se esconde detrás de eufemismos, que no tiene vergüenza de nombrar o formar las cosas mostrando hacia otra manera.
En una época en que las fronteras se vuelven cada vez más duras y las identidades cada vez más polarizadas, la poesía de Galán –poesía de límites, de desplazamientos, de metamorfosis– se vuelve más actual que nunca. Es una poesía que se niega a elegir entre lo personal y lo político, entre el cuerpo y la historia, entre el poema y el acto. Y en este punto, quizás, reside su mayor valor.
La voz desde El Bronx
Tomás Modesto Galán pertenece a una generación de poetas latinoamericanos que crearon su literatura en los límites –geográficos, lingüísticos, culturales. Desde 1986, cuando se estableció en Nueva York, su poesía refleja esta posición intermedia: es a la vez caribeña y neoyorquina, erótica y política, lírica e irónica.
Esta doble conciencia –del exiliado que carga la memoria de la dictadura de Trujillo y del inmigrante que vive la cotidianidad del Bronx– atraviesa toda su obra. Su poesía se caracteriza como “eminentemente urbana” y combina la polifonía formal (verso libre, prosa poética) con el habla popular dominicana, creando un lenguaje que es a la vez accesible y complejo.
El amor y la muerte: una paradójica celebración
En el poema “Pequeña muerte”, Galán transforma el lugar común del dolor erótico en algo radicalmente diferente. Aquí, el orgasmo y la muerte se vuelven indistinguibles –el “feliz morir” es a la vez literal y metafórico. El poeta no lamenta la pérdida; la celebra. Celebro la pérdida irremediable / de otra luna indiferente, escribe, y esta paradójica alegría atraviesa todo el poema.
La distancia, el abandono, el fin –todo se convierte en objeto de deseo: Guárdame el sudor de tu muerte y la frialdad de tu olvido. El erotismo de Galán es directo, corporal (la tibieza de un semen, el aliento de un pulmón rendido), pero nunca meramente descriptivo. Siempre se esconde detrás una conciencia poética que transforma el cuerpo en lugar de reflexión filosófica.
El silencio de la intimidad
El poema “Girasol abierto” es breve, casi gnómico, pero cargado de significado. No compartas un milagro con otros ojos, advierte. El ego destruye la magia; la publicidad mata la verdad. Hay aquí una desilusión con la polifonía del mundo contemporáneo –después resurge el ego de un parpadeo / y su discurso vacío lo arruinan todo.
La advertencia del poeta es clara: No juegues con quien sabe desmentir la verdad / sobre los jardines de la inocencia. La inocencia aquí no es algo que debe protegerse, sino algo que puede desmentirse, destruirse por quienes han aprendido a manejar la verdad como herramienta.
Viajes surrealistas y poetas exiliados
Los poemas “Arribo a River Row” y “Parte B” nos transportan a un mundo onírico, casi kafkiano. Una isla china secreta, los últimos descendientes de Li Po, un ataúd que viaja de Sicilia a Bulgaria, finalmente destinado a Irlanda o la última casa de Thomas Eliot –estas imágenes trascendentes crean una geografía de la imaginación, donde el poeta exiliado busca lugar de descanso.
En “Parte B”, la lógica surrealista se intensifica: recién nacidos en un teleférico, madres que aprenden a amamantar, hombres que arrastran cochecitos por la hierba domesticada. Y luego, repentinamente, la cotidianidad burocrática: el poeta mirando fotografías de su último temor al Income Tax. Esta colisión de lo trascendente con lo completamente prosaico –el Income Tax como miedo final– es característico del humor de Galán.
Resistencia política y memoria afrocaribeña
“Daka Daka Daka” es quizás el más político de los poemas que presentamos. Su estructura recuerda una canción de protesta o un canto afrocaribeño –el “Daka” repetitivo funciona como sonido de tambor, como llamado a la resistencia.
El poema está lleno de imágenes de opresión: tengo piedras en la garganta, tengo cadenas en los tobillos, Tengo el cuchillo en la garganta. La cárcel, el genocidio, la injusticia, los papeles perdidos (quizás identidades, quizás historia) –todo habla de un pueblo al que le han arrebatado la existencia. ¿Dónde se esconde mi mamá? / ¿Cómo encuentro a mi papá? –estas preguntas resuenan el dolor de los desaparecidos, de la diáspora.
La “vaca” que muere sin justicia y que alguien ordeña es metáfora obvia del país, del pueblo explotado por el poder. Pero el poema no es simplemente acusatorio –es también un llamado: A confianza, Ven conmigo a la Marcha, Si luchamos juntos, lo poco será mucho. La acción colectiva se revela aquí como la única respuesta a la opresión.
La cotidianidad como surrealismo
“Luto rezagado” es quizás el poema más idiosincrásico del poeta bajo presentación. Comienza con una visita al dentista –Hoy perdimos 3 dientes sanos y aburridos– y se transforma en una extraña reflexión humorística sobre la identidad, el género, el trabajo.
Cenicienta aparece dos veces –una como cuento de hadas (la cenicienta medita una estufa sorda), y una como personaje real (La heroína del momento no es lesbiana / Pero volverá a cuidar a otra cenicienta). La referencia al “segundo género” y al “tercero” no es casual –Galán explora la fluidez de la identidad de manera que es a la vez personal y política.
El poema termina con una hermosa declaración: Juro por la utopía de ser feliz. La felicidad como utopía, como algo que solo puedes jurar pero no lograr –y sin embargo este juramento es la única postura posible ante el caos de lo cotidiano.
Metamorfosis e insectos interiores
“Zoológico poético” es una reflexión poética sobre la metamorfosis, la identidad y la libertad de ser cualquier cosa. Ya no le temo a la metamorfosis, declara el poeta, y esta liberación abre un mundo de posibilidades: Moría por el derecho a un ladrido, Podía sin querer intentar ser pájaro.
Hay de nuevo algo kafkiano en esta fantasía metamórfica, pero también algo profundamente personal. Sentía ganas sombrías de ser gente / Pero no tenía miedo de ser pulga –la ironía de desear la condición humana mientras aceptas la posibilidad de ser la criatura más humilde está aquí característicamente presente.
El insecto interior que debe salvarse, los entomólogos que deben vencerse, la gramática de la que debe escaparse –todo esto habla de la necesidad de proteger la parte más vulnerable y auténtica de uno mismo de las taxonomías y categorizaciones científicas del mundo.
El poema cierra con una imagen de esperanza: Sin embargo vuelven mariposas mudas / a tocan las ventanas desafiantes del silencio. La metamorfosis, finalmente, es posible. Y el silencio puede desafiarse.
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Petros Golitsis (1978 Salónica, Grecia) es autor de seis poemarios, publicados en once idiomas. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran La carne de lo provisional (en español), traducida por José Antonio Moreno Jurado, Padilla Libros, Sevilla, 2022, y Nagrizanje (en serbocroata), traducida por Dragan Vitorović y Antonina Kostić, Presing, Belgrado, 2023. Ha sido galardonado con el Premio Internacional de Poesía Tudor Arghezi (2018) de la Unión de Escritores de Rumanía y el Premio Internacional de Poesía Povelja Morave (2019) de la Asociación de Escritores de Serbia.