Byung-Chul Han ha pasado de ser el filósofo del cansancio y de la transparencia a convertirse, quizá sin proponérselo, en el último místico de la razón contemporánea. Su itinerario filosófico –desde Infocracia (2022) hasta Sobre Dios (2025), pasando por La tonalidad del pensamiento (2024)– dibuja un arco que va del diagnóstico tecnológico de la modernidad a una suerte de ontología musical del pensamiento, donde la racionalidad busca redimirse en la experiencia interior.

En esa triple lectura, Infocracia representa la frontera política y comunicacional de una época; La tonalidad del pensamiento, procura recuperar la interioridad perdida; y Sobre Dios, pone los ojos en la afirmación final de un pensamiento que solo sobrevive cuando se abre al misterio. En esta reseña analizo esa trayectoria, articulando diagnóstico social, recuperación epistemológica y horizonte ético-místico.

 

La razón sometida a la comunicación

En Infocracia (2022), Han diagnostica una mutación estructural de la esfera pública. Si en La sociedad de la transparencia (2012) describía la exposición constante del yo como forma de control, aquí amplía la envergadura del análisis: la comunicación digital ya no transmite información para el juicio, sino que la informa para la reacción. La información se ha emancipado de la verdad; su criterio ya no es el sentido, sino la velocidad.

Citando a Nietzsche, Han sugiere que vivimos bajo el régimen del pathos de la inmediatez: “Lo que no reacciona, desaparece”. El espacio de la reflexión, la lentitud, el silencio –condiciones de la experiencia del pensamiento– son expulsados por una racionalidad algorítmica que reduce el mundo a datos. “El poder informacional –dice Han– no reprime; seduce con la participación.”

Así, el sujeto ya no se forma en el diálogo socrático, sino que se disuelve en la interactividad. La política se convierte en marketing emocional, la verdad en mera tendencia o “trending topic”. En esa transformación, la infocracia no es solo un sistema tecnológico, sino una forma de dominación espiritual: el pensamiento cede ante el estímulo, la palabra ante el clic. Y, más aún, la razón, que alguna vez fue crítica, deviene redundante.

 

En tiempos de espera

El pensamiento, cansado, agotado de querer poseer y poder, descubre, por fin, su sentido último: callar ante la verdad. Nada de utilizarla, tampoco concebirla. Solo esperarla. El Ser que ella es, por ser lo que es, solo es Absoluto al alcance de la esperanza.

Según El espíritu de la esperanza (2023), esa virtud intermedia entre distintas condiciones constituye el antídoto por excelencia a la crisis de nuestra era: la premura traída de la mano por el rendimiento y el cansancio; así como el miedo, la autoexplotación, la soledad o la pérdida del juego y el ritual. Esos son algunos de los síntomas de cómo el neoliberalismo sume a la humanidad en un estado de subsistencia, sin ocio y creatividad.

De ahí el giro sorpresivo del filósofo coreano-alemán. Han, conocido por su crítica aguda al neoliberalismo y sus efectos en la sociedad contemporánea, da un giro de 180 grados cuando propone una reflexión profunda sobre la esperanza como antídoto a la crisis de nuestra era. Aunque sin referirse a Gabriel Marcel, pero sí a Spinoza y a Albert Camus, Han presenta la condición humana ligada a la esperanza.

Ella es la única fuerza “capaz de transformar” cualquier escenario salido de la modernidad. Ella todo lo sustenta por ser una actitud espiritual que abre posibilidades narrativas y ofrece sentido a la vida. Es la fuerza colectiva que delimita un “nosotros” y “es el fermento de la revolución, el catalizador de lo nuevo”.

Dada su envergadura, en tiempos de pantallas y desinformación, la esperanza pasa a ser no solo el mejor antídoto al miedo, sino el principio y fundamento de un futuro que sea más que mera supervivencia, que desafíe la apatía y el miedo estructural que dominan el presente.

El susodicho cambio de tono ofrece una visión renovadora. Preserva la crítica inherente a su obra anterior y la complementa con un espíritu que, lejos de ser de naturaleza fantasmagórica, se convierte en una herramienta de transformación.

Así, de la esperanza como virtud ética, Han pasa a la tonalidad como disposición ontológica: si la primera abre al futuro, la segunda abre al ser.

Byung Chul Han

Del ruido informativo a la resonancia

Un año más tarde, el fecundo escritor de ensayos –acogidos todos como libros– publica La tonalidad del pensamiento (2024), unas páginas que pueden leerse como una respuesta interior a la infocracia en tiempos de espera. Si antes la palabra era devorada por la información, a pesar del espíritu de resistencia, aquí Han busca devolverle una tonalidad, una vibración originaria. El pensamiento, dice, “no empieza con el concepto, sino con la escucha”. Frente al dominio de los datos, propone una hermenéutica del silencio.

El desplazamiento es radical. Pasa del análisis sociopolítico a la meditación ontológica. Abandona el tono apocalíptico de sus ensayos previos y se aproxima al lenguaje poético de Rilke, Heidegger y Hölderlin. Imbuye ahí su espíritu oriental en lo mejor de la intuición poética e inspiradora del mundo germano. La razón ya no se define por la lógica del argumento, sino por la música del sentido. Pensar sería entonces “resonar con lo que es”, permitir que el ser “nos diga algo”, de conformidad con Heidegger en Unterwegs zur Sprache.

De hecho, la Infocracia había mostrado la disolución de la interioridad; empero, La tonalidad del pensamiento intenta restaurarla. Pero esa restauración no pasa por el retorno al sujeto moderno, sino por la apertura a lo inefable. El pensamiento solo se salva cuando cede su soberanía; cuando se reconoce finito, tonal, vulnerable. Han retoma así la intuición genial de Nietzsche de que “solo quien tiene música dentro puede pensar verdaderamente” (El nacimiento de la tragedia) y la enlaza con la crítica de Adorno a la racionalidad instrumental (Dialéctica negativa).

En el fondo, La tonalidad del pensamiento es una antítesis de la Infocracia: si la información es ruido, el pensamiento es resonancia; si la comunicación es simultaneidad, el sentido requiere demora; si la transparencia es vigilancia, la tonalidad es intimidad.

 

La teología del pensamiento rendido

El itinerario alcanza su punto más inesperado con Sobre Dios. Pensar con Simone Weil (2025). Han da un paso más allá de la filosofía cultural para adentrarse en lo que podríamos llamar una mística de la negatividad. Inspirado en Weil, sostiene que pensar a Dios no consiste en afirmar su existencia, sino en pensar el límite del pensamiento mismo.

“Solo quien ha dejado de pensar, piensa realmente”, escribe Han, reinterpretando la de-creación weiliana como un acto de hospitalidad del alma. Si Infocracia analizaba la imposibilidad de la interioridad en la era digital, Sobre Dios propone una rendición del pensamiento, un dejar ir. El pensamiento no se conquista, se recibe.

Dios no es objeto ni sujeto, sino el tono último del ser. “La teología —afirma Han— no es una doctrina sobre Dios, sino la escucha de su silencio”. Este giro teológico puede leerse como la culminación de su tránsito desde la crítica de la comunicación hacia una mística del sentido: del exceso de palabra al despojamiento del verbo.

 

El arco de la rendición

Leídas en conjunto, las cuatro obras reseñadas componen una auténtica tetralogía sobre el destino del pensamiento contemporáneo. Han comienza diagnosticando su sometimiento al flujo digital; luego se apalanca fundamentalmente en la esperanza; intenta rescatar su resonancia originaria; y, finalmente, lo entrega todo a la trascendencia. Lo que se inicia como crítica de la información termina como plegaria filosófica.

Si se me permite expresarlo así, el trayecto recuerda el movimiento de la filosofía europea: de la razón ilustrada al pathos romántico, del nihilismo al anhelo de sentido. En Han, sin embargo, ese itinerario se condensa en una voz que busca reconciliar la claridad de la técnica con la oscuridad de lo sagrado. Su estilo –breve, aforístico, casi monacal– convierte cada frase en un rédito de pensamiento rendido a lo insospechable.

Si Infocracia muestra el fracaso de la comunicación sin verdad, El espíritu de la esperanza dirige su atención en otra dirección, La tonalidad del pensamiento propone la curación del lenguaje a través de la resonancia, al tiempo que Sobre Dios consuma esa curación en el silencio de lo absoluto, me atrevo a decir: a la usanza oriental.

Estamos en presencia de un movimiento de descenso: del ruido al tono, del tono al silencio. Queda por descubrir qué sustenta ese silencio.

 

De la resonancia al misterio último  

Han no propone que el pensamiento se someta pasivamente al poder de los datos, ni que abandone la crítica social. Su rendición es una estrategia de resistencia interior: solo retirándose del mundanal ruido, el pensamiento puede recuperar su densidad, resonancia y autenticidad. Frente a la infocracia, el silencio se convierte en acto de libertad; frente a la hiper comunicación, la atención y la escucha son formas de subversión filosófica. De modo tal que el pensador de referencia nos recuerda que la razón, agotada de querer poseer el mundo, encuentra su sentido en la receptividad y el recogimiento. En esa postura, la filosofía se acerca a la mística: pensar se convierte en atención, escucha y cuidado, tal como Weil lo había experimentado y descrito.

Ahora bien, en términos críticos, Han nos enfrenta a una paradoja: solo rindiéndose, el pensamiento alcanza su libertad plena. Esa rendición no implica pasividad, sino una ética de la atención y del cuidado frente a la información, la comunicación y el poder digital. El silencio y la escucha se convierten en herramientas de emancipación, recordando que el pensamiento auténtico no se agota en la acumulación de información, sino que resuena, vibra y se abre al misterio.

Han nos sitúa en un punto límite de lo que otros han denominado modernidad –e incluso posmodernidad–: frente a la tecnología y la información omnipresentes, el pensador está llamado a recogerse en la interioridad y en el silencio, cultivando una ética de la resonancia –en clara convergencia, aunque no lo mencione, con Hartmut Rosa, para quien “la resonancia constituye el fundamento existencial de la libertad” –y de la atención, sin desesperación ni impaciencia. Es en ese espacio intermedio –entre la crítica, la tonalidad y la rendición– donde la razón contemporánea halla su fuerza más radical y su libertad última.

En un horizonte saturado de pantallas, el silencio y su resonancia se han vuelto revolucionarios. Pensar ya no consiste en producir ideas, sino en abrir un espacio donde algo pueda ser recibido y percibido. La tonalidad del pensamiento enseña a escuchar; Sobre Dios enseña a obedecer.

Han, el crítico del rendimiento, termina siendo su disidente más profundo. Él nos recuerda que toda obra humana –material, artística, amorosa o razonable– solo se cumple cuando se entrega al o a lo esperado. En ese punto donde la filosofía se vuelve plegaria, Han se encuentra con Simone Weil y con una tradición más antigua: la que sostiene que todo pensar auténtico culmina en adoración.

En conclusión, para resumir la tetralogía en un apretado párrafo, solo me queda afirmar esto:

Gracias a esa adoración, la filosofía de Han no concluye en la crítica, sino en la escucha; no en el saber, sino en la disponibilidad. Su rendición del pensamiento no es derrota, sino una forma superior de libertad.

Bibliografía

Han, Byung-Chul. Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia. Barcelona: Herder, 2022.

Han, Byung-Chu. El espíritu de la esperanza. Barcelona: Herder, 2023.

Han, Byung-Chul. La tonalidad del pensamiento. Barcelona: Herder, 2024.

Han, Byung-Chul. Sobre Dios. Pensar con Simone Weil. Barcelona: Herder, 2025.

Adorno, Theodor W. Dialéctica negativa. Madrid: Trotta, 2005.

Heidegger, Martin. Unterwegs zur Sprache. Frankfurt am Main: Klostermann, 1959.

Nietzsche, Friedrich. El nacimiento de la tragedia. Madrid: Alianza, 2017.

Rosa, Harmunt. Resonancia. Una sociología de la relación con el mundo. Barcelona, Herder, 2019.

Weil, Simone. La gravedad y la gracia. Madrid: Trotta, 2000.

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Fernando Ferrán es profesor-Investigador del Centro P. Alemán, PUCMM. Coordinador de la Unidad de Estudios de Haití.