La lectura que Martin Heidegger realiza de la poesía de Friedrich Hölderlin constituye una de las aproximaciones más intensas y particulares entre filosofía y literatura del siglo XX. En ella se encierra una apuesta radical: que el poeta no es un ornamento cultural sino un fundador, alguien cuyo decir inaugura un modo de habitar el mundo.
Esa convicción aparece expresamente en uno de los pasajes más conocidos de la Carta sobre el humanismo, donde Heidegger afirma: “El lenguaje es la casa del Ser. En su morada habita el hombre” (Hitos). Si el lenguaje es la casa del ser, el poeta –quien lo lleva a su punto más originario– es el primero de los habitantes. Por eso, en la misma obra, añade sin ambages: “Los poetas son los fundadores del ser”.
Desde esta perspectiva, Hölderlin se convierte para Heidegger no en un escritor entre tantos, sino en el poeta que anuncia el momento decisivo de la historia occidental. El motivo principal es un verso del himno Pan y vino que Heidegger considera la interrogación decisiva de la época moderna: “¿Y para qué poetas en tiempos de penuria?”. En su ensayo ¿Y para qué poetas?, Heidegger responde: “La penuria es que los dioses han huido y que Dios está muerto” (Holzwege). La modernidad es el tiempo del retiro de lo divino, de la pérdida de todo fundamento. Pero el poeta –parafraseando el pensamiento heideggeriano– existe precisamente porque los dioses se han ido: él mantiene abierta la herida de su ausencia y permite la posibilidad de un advenimiento futuro. La poesía no describe el mundo: lo abre.
I. El origen
Ese abrir del mundo conduce a uno de los ejes centrales de la lectura heideggeriana: Grecia como origen.
Hölderlin recurre a Grecia no como un decorado estético, sino como un suelo espiritual. En Hipérion se lee: “Grecia, patria de mis sueños, ¿dónde estás?”.
Heidegger recoge esa evocación y la transforma en categoría histórica. En Aclaraciones a la poesía de Hölderlin escribe: “Grecia es el inicio de nuestra historia. En ese inicio se decidió el destino de Occidente”. Y añade poco después: “Lo que los poemas de Hölderlin dicen de Grecia no es arqueología, sino un saber histórico-poético del origen”.
Para Heidegger, Grecia representa la claridad del comienzo, el momento en que el Ser se manifestó con plenitud en la palabra. Hölderlin, en su retorno poético a ella, no vuelve hacia atrás sino hacia adelante: su Grecia es una brújula anticipadora, no un museo.
Todo ello desemboca en uno de los versos más celebrados del poeta, tomado del poema En azul adorable: “Pleno de méritos, mas poéticamente habita / el hombre sobre esta tierra”. Heidegger lo interpreta en Construir, habitar, pensar, donde sostiene: “Habitar poéticamente no significa adornar el habitar ordinario, sino trajear en la cercanía de lo esencial”.
La poesía no es lujo, sino fundamento: revela la manera en que los mortales son sobre la tierra. Por eso reconoce que “habitar es la manera en que los mortales son sobre la tierra”. La interpretación heideggeriana transforma un verso lírico en ontología: habitar poéticamente significa estar abierto a lo que exige ser dicho, sostener una cercanía con aquello desde donde se funda lo que de ahí brota: sentido.
La cuestión de la cercanía nos conduce a los dioses. En el himno Patmos, Hölderlin escribe: “Cercano está / y difícil de aprehender es el dios”. Este verso solo puede entenderse si advertimos que lo divino no se muestra en presencia plena, sino en un peculiar retirarse. “El dios que viene solo se anuncia en el retiro” (¿Y para qué poetas?).
II. El poeta
El poeta es quien sostiene esa tensión entre cercanía y distancia, quien se convierte –según palabras del filósofo– en “mensajero de los dioses ausentes” (Aclaraciones). La poesía es así el lugar donde la ausencia misma tiene voz, donde el vacío se vuelve expectación. No es que el poeta “traiga” a los dioses, sino que revela el espacio para que algo como un dios pueda aún tener sentido.
Es en este punto donde aparece la zona más problemática de la lectura heideggeriana: el himno Germania. Hölderlin escribe allí: “Pero lo propio debe aprenderlo un pueblo sólidamente”. En los años treinta y cuarenta, Heidegger interpreta esas palabras a través de su idea del “pueblo histórico”. Afirma: “Germania nombra el lugar espiritual en que se prepara un nuevo inicio” (Aclaraciones), y sostiene que “un pueblo solo se vuelve histórico cuando se abre a la voz del dios”.
Dicha interpretación, situada en su contexto histórico, es problemática, pues asigna a Alemania un papel espiritual central en el devenir del Ser.
La poesía de Hölderlin queda absorbida así por una metafísica de la nación. Sin embargo, el propio Hölderlin había escrito en una carta a Böhlendorff (1801): “Mi patria es el mundo”. Esa frase, real y contundente, tensiona profundamente el uso heideggeriano de los poemas patrióticos. El Hölderlin cosmopolita queda en segundo plano frente al Hölderlin utilizado como legitimación metafísica de un destino nacional, lo cual exige una lectura crítica.
Un mecanismo similar aparece respecto al cristianismo. Aunque Hölderlin invoca a Cristo con frecuencia –especialmente en su poesía tardía– Heidegger desactiva ese contenido teológico para insertarlo en su propio pensamiento ontológico. El verso de Patmos, “Pero donde crece el peligro, crece también lo que salva”, es interpretado no desde el cristianismo sino desde el Ereignis, el acontecimiento del Ser: “El verso no es doctrina religiosa sino resonancia del advenimiento del ser” (¿Y para qué poetas?).

Cristo Jesús desaparece como figura singular y se convierte en figura del Ser mismo. El poeta es espiritualizado; el cristiano, borrado.
Otro silenciamiento notable es el de la biografía del poeta. Hölderlin pasó más de treinta años en reclusión, en una especie de retiro forzado, firmando poemas como “Scardanelli”. Uno de ellos dice: “Y la paz llega tarde, / pero llega”.
Heidegger apenas menciona ese período y, cuando lo hace afirma, “la poesía tardía de Hölderlin pertenece a la noche del mundo” (Aclaraciones). Pero no examina la fractura vital, la fragilidad humana del poeta. Su interpretación exige un Hölderlin siempre alto, siempre heroico, siempre metafísico. La tragedia personal no encuentra lugar en esa lectura. La palabra poética es convertida en cifra ontológica, pero no en testimonio existencial de una vida.
Aquí surge la pregunta decisiva: ¿escucha Heidegger verdaderamente a Hölderlin o hace que Hölderlin confirme aquello que Heidegger quiere pensar?
III. Los críticos
El propio filósofo declara: “El pensar debe aprender a servir a la poesía” (Sendas perdidas). Sin embargo, en muchos momentos parece ser la poesía la que termina sirviendo a la ontología. La densidad conceptual del filósofo tiende a absorber la pluralidad del poema, a transformarlo en soporte de una gran narrativa metafísica. El riesgo es que la poesía deje de hablar con su voz múltiple para convertirse en ilustración de una idea.
Ese riesgo se hace especialmente visible al comparar la lectura heideggeriana con otras interpretaciones del siglo XX.
Peter Szondi, por ejemplo, en sus Estudios sobre Hölderlin, subraya que la estructura del pensamiento poético del autor es esencialmente trágica, fundada en la escisión. Hölderlin –según Szondi– piensa la tragedia desde la tensión irresoluble entre fuerzas contrapuestas. Mientras Heidegger “ontologiza” esa tensión convirtiéndola en distancia entre dioses y hombres, Szondi la sitúa en la forma misma del poema: no en la historia del Ser, sino en la dinámica del lenguaje y la estructura del conflicto.
Theodor W. Adorno, por su parte, lee a Hölderlin como poeta quebrado por la modernidad. Afirma que en él “la salud es la locura, porque la razón del mundo es irracional” (Notas sobre literatura).
Para Adorno, Hölderlin encarna la contradicción de un mundo cuya racionalidad técnica destruye las bases mismas de la experiencia poética. La lectura heideggeriana, que pretende encontrar en él un anuncio luminoso del origen, olvida la fractura histórica y subjetiva. Donde Heidegger busca destino, Adorno encuentra desgarramiento.
Jean-Luc Nancy, en La retirada del sentido, ofrece otra vía. Para él, la huida de los dioses no significa nostalgia de un origen perdido, sino apertura del sentido a su multiplicidad. El retiro no es promesa de retorno, sino exposición a una pluralidad infinita. Nancy desactiva así la idea de un “pueblo” que custodiaría el Ser; la comunidad no es sustancia ni destino, sino compartición siempre provisional. Hölderlin aparece no como poeta del origen metafísico, sino como poeta de la circulación del sentido.
George Steiner, finalmente, en Antígonas, mira a Hölderlin como poeta que lleva el lenguaje al extremo. El foco no es la historia del Ser, sino la intensidad lingüística, la violencia con la que el poeta empuja cada palabra hacia su límite. Frente a la tendencia heideggeriana a convertir el poema en filosofía, Steiner reivindica su irreductible materialidad verbal, su potencia estética y rítmica.
IV. Lo que permanece
Esas lecturas alternativas no niegan el valor de Heidegger, pero lo reubican. No es el lector definitivo de Hölderlin, aunque sí uno de los más influyentes. Su lectura es profunda y creadora, pero también selectiva, parcial y, a veces, problemática.
Heidegger ilumina aspectos esenciales del poeta: el habitar, la relación con lo divino, el carácter fundacional del lenguaje. Pero oscurece otros: la biografía, el cristianismo, la dimensión histórica concreta, la ruptura formal, el cosmopolitismo explícito. Si Hölderlin escribió “Mi patria es el mundo”, –¡y lo escribió!–, entonces toda lectura que lo convierta en emblema de un destino nacional reduce la amplitud universal de su voz poética.
Sin embargo, sería injusto negar la fuerza de la lectura heideggeriana. Ella ha permitido redescubrir a Hölderlin como uno de los grandes poetas del pensamiento, como alguien que ha hecho de la palabra un lugar de revelación.
La poesía, para Heidegger, no es adorno, sino la dimensión más originaria del sentido. En esto quizá haya escuchado una verdad profunda del propio poeta, quien escribió: “Lo que permanece lo fundan los poetas” (Rememoración). Heidegger recoge esa afirmación y la convierte en programa filosófico.
Pero Hölderlin también parece pedir lectores atentos, no apropiadores. Poetas, no sacerdotes del Ser. Lectores capaces de recorrer sus versos con la libertad que la poesía exige. Heidegger fue uno de ellos, aunque no siempre. Su lectura es indispensable y fecunda, pero no exhaustiva. Queda espacio –y necesidad– para otras voces. Hölderlin, que escribió sobre los dioses ausentes, sobre la Grecia soñada, sobre la patria imposible, sobre la noche del mundo, no puede ser contenido plenamente por ninguna filosofía.
Quizá el mejor homenaje a ambos –al poeta y al filósofo– consiste en seguir leyendo, con atención y distancia, con escucha y crítica, con reverencia y libertad. Pues si algo enseñan tanto Hölderlin como Heidegger es que el decir poético no termina nunca: permanece abierto, como el propio Ser, como el propio habitar humano sobre la tierra, que no dejan de ser nuestro destino.
Bibliografía
- Martin Heidegger — Obras citadas o parafraseadas
➤ Hitos (Wegmarken)
- Ed. española:
Heidegger, Martin. Hitos. Trad. Helga A. Schubert. Madrid: Alianza, 2000. - Ed. alemana:
Heidegger, Martin. Wegmarken. Frankfurt: Klostermann, 1976.
➤ Caminos de bosque (Holzwege)
- Ed. española:
Heidegger, Martin. Caminos de bosque. Trad. Helena Cortés. Madrid: Alianza, 1994. - Ed. alemana:
Heidegger, Martin. Holzwege. Frankfurt: Klostermann, 1950.
➤ Aclaraciones a la poesía de Hölderlin (Erläuterungen zu Hölderlins Dichtung)
- Ed. española:
Heidegger, Martin. Aclaraciones a la poesía de Hölderlin. Trad. Helena Cortés y Arturo Leyte. Barcelona: Anthropos, 1989. - Ed. alemana:
Heidegger, Martin. Erläuterungen zu Hölderlins Dichtung. Frankfurt: Klostermann, 1981.
➤ Conferencias y artículos (Vorträge und Aufsätze)
- Ed. española:
Heidegger, Martin. Conferencias y artículos. Trad. Eustaquio Barjau. Barcelona: Serbal, 1994.
- Ed. alemana:
Heidegger, Martin. Vorträge und Aufsätze. Frankfurt: Klostermann, 1954.
➤ Sendas perdidas (Holzwege – sección ampliada / Wegmarken complementaria)
- Ed. española:
Heidegger, Martin. Sendas perdidas. Trad. Eutimio Martín. Madrid: Trotta, 2001. - Ed. alemana:
Holzwege (ed. ampliada), Klostermann.
- Friedrich Hölderlin — Obras citadas
➤ Poemas (diversas ediciones)
- Hölderlin, Friedrich. Poesía completa. Trad. José María Valverde. Barcelona: Lumen, 2010.
- Hölderlin, Friedrich. Poesía. Trad. Helena Cortés y Arturo Leyte. Madrid: Hiperión, varias eds.
➤ Hipérion (Hyperion)
- Ed. española:
Hölderlin, Friedrich. Hiperión. Trad. José María Valverde. Madrid: Alianza, 1994.
➤ Cartas de Hölderlin
- Ed. española:
Hölderlin, Friedrich. Cartas. Trad. Amalia Iglesias. Madrid: Hiperión, 1992.
- Intérpretes y críticos contemporáneos citados
Peter Szondi
- Szondi, Peter. Estudios sobre Hölderlin. Trad. M. Sacristán. Madrid: Taurus, 1975.
(Citado en su tesis sobre la “escisión” trágica.)
Theodor W. Adorno
- Adorno, Theodor W. Notas sobre literatura. Trad. A. Brotons y otros. Madrid: Akal, 2003.
Jean-Luc Nancy
- Nancy, Jean-Luc. La retirada del sentido. Trad. A. Neira. Buenos Aires: La Cebra, 2009.
George Steiner
- Steiner, George. Antígonas. Trad. M. V. Utrera. Madrid: Gedisa, 1990.
- Obras complementarias
- Henrich, Dieter. Hölderlin’s Path of Remembrance. Stanford University Press, 1997.
- Lacoue-Labarthe, Philippe. La poesía como experiencia. Buenos Aires: Amorrortu.
- Gadamer, Hans-Georg. Poema y diálogo. Barcelona: Gedisa.
- Bowie, Andrew. Hölderlin. Oxford University Press, 1988.
—–
Fernando Ferrán es profesor-Investigador del Centro P. Alemán, PUCMM. Coordinador de la Unidad de Estudios de Haití.