PRIMER RECUERDO
El día que papi se fue yo aún
no nacía, sin embargo, lo recuerdo
claramente haciendo las maletas.
En mi memoria de no nacida,
yo recuerdo a mi padre sonriendo
mientras empacaba. Me pedía
con sus ojos que no le preguntara
el porqué de aquellos bultos.
Este recuerdo no se borra.
Nunca se lo dije. Ahora él está
muerto y yo siento que he cumplido
aquella solicitud lejana que un día
mientras me gestaba solitaria
en el vientre de mi madre, mi padre,
desde algún resquicio de su alma
me lanzaba.
LA OLA
La muerte se asemeja al vaivén de una ola
en cámara lenta la espuma se vierte en la nada improvisada
que agita lo letal que leve intenta disolverse. A veces
el cielo sublevado te obedece y entiendes el milagro
que acontece.
No obstante, la muerte se te acerca siempre cuando el día
te nubla la mirada y te regala el secreto don de los vencidos.
Distendido te separas de ti y entras en la plenitud
de un tiempo paralelo, el espejo recibe la impureza dulce
de tu imagen clara.
Se te ocurre entonces nacer de nuevo, es hermoso, te dices,
el milagro de la ola que te orilla la mirada aterciopelada, mientras
resurges adherido a la noche que ya brilla en tus entrañas.
Ahora te elevas, sucumbes florecido al riesgo de la ola,
humillado finalmente por la insignificancia de la espuma.
El vacío desconsuela. Su rigor de apariencia nos condena.
Sin embargo
detrás de aquella línea dura que flota en la retina
emerge diáfano y sincero
el nuevo día.
MIENTRAS PASO
A los pájaros que proponen un camino mientras paso.
A los caminantes que me acompañan en silencio.
A la posa en donde desemboca el río.
Al rostro tembloroso que me mira desde el fondo.
A la flor blanca y sedosa del árbol de yucca.
A la ternura filosa del cactus florecido.
A las tres piedras que siguen abrazadas en el patio.
A los dos coyotes que se llevaron a mi gata.
A la montaña que me espera en el balcón.
A la noche que en invierno llega a las 4 de la tarde.
A la mitad del cielo que se pone rosa subido.
A la otra mitad que persevera azulada.
A las nubes diurnas y nocturnas.
A la primera luz de la mañana.
Me debo toda.
(Estos poemas pertenecen al libro La isla se achica, con el que acaba de obtener el Premio Nacional del Instituto de Cultura Puertorriqueña 2026, que será publicado por el próximamente)
—-
Margarita Pintado Burgos es autora de Ficción de venado (2013), Una muchacha que se parece a mí (2016), Simultánea, la marea (2022) y Ojo en Celo/ Eye in Heat (2024). Recibió el premio de poesía del Instituto de Cultura Puertorriqueña en el 2015 y, otra vez, en el 2025, además de la beca Letras Boricuas, de la fundación Mellon & Flamboyán (2022) y el Premio Ambroggio, otorgado por The Academy of American Poets (2024). Es PhD por la universidad de Emory y profesora de lengua, literatura y escritura creativa en Point Loma Nazarene University, en San Diego, California. Desde el 2021 dirige la revista de poesía Distropika.