Disclaimer: Esta obra geopolítica es enteramente ficticia. Sus personajes no pretenden reproducir declaraciones, pensamientos ni conductas reales de personas concretas, aunque algunos estén deliberadamente inspirados en figuras culturales y políticas fácilmente identificables.
ACTO I
El rey desnudo
Don Quijote: ¡Alto ahí, buen hombre! ¿No veis que se acerca un monarca de singular poderío, cubierto de oro, banderas, armas y espejos?
Compay Mon: ¿Monarca? Hidalgo Quijote, yo veo un hombre que trae tantos espejos que ya no sé si viene acompañado de súbditos o de retratos.
Don Quijote: ¡No blasfeméis! Dicen que su majestad posee más grandeza que Alejandro, más fama que César y más admiradores que pelos tiene un gato.
Compay Mon: Entonces debe de ser muy grande.
Don Quijote: ¿Lo dudáis?
Compay Mon: No. Lo que dudo es que una grandeza verdadera necesite anunciarse tanto.
Don Quijote: ¡Ah! Tenéis razón. El león no necesita proclamarse león.
Compay Mon: Ni el gallo necesita periódico para decir que amaneció.
Don Quijote: ¡Mirad! Todo el pueblo aclama que el rey lleva un traje magnífico.
Compay Mon: Sí.
Don Quijote: ¿Y?
Compay Mon: Que el rey está desnudo.
Don Quijote: ¡Imposible! Imposible e indigno de su majestad.
Compay Mon: Ahí empieza el problema.
Don Quijote: ¿Cuál?
Compay Mon: Que todos lo ven.
Don Quijote: ¡Entonces alguno habrá de decirlo!
Compay Mon: Alguno lo dice. Pero apenas lo dice, pues cien gargantas aúllan que el traje es de oro.
Don Quijote: ¿Y por qué mienten?
Compay Mon: Algunos por miedo.
Don Quijote: ¿Todos?
Compay Mon: No. Otros por interés.
Don Quijote: ¿Todos?
Compay Mon: Tampoco. Algunos mienten porque ya llevan tanto tiempo mintiendo que han olvidado cómo se decía la verdad.
Don Quijote: ¡Santo cielo! Entonces el hechizo no está en el rey.
Compay Mon: ¿Dónde?
Don Quijote: En los que lo miran.
Compay Mon: Ahora sí, hidalgo señor.
Don Quijote: ¿Qué?
Compay Mon: Está empezando a ver el verdadero encantamiento.
Don Quijote: ¡Pues ha de ser obra de un gran nigromante!
Compay Mon: No hace falta.
Don Quijote: ¿No?
Compay Mon: Basta con cámaras, aplausos y miedo.
Don Quijote: ¡Ah! Una criatura invisible que se alimenta de admiración.
Compay Mon: Y cuando engorda demasiado, se llama ego.
Don Quijote: ¡Entonces estamos ante un dragón!
Compay Mon: Un dragón con peluquero, micrófono y cuenta propia en las redes.
Don Quijote: ¡Pues montemos a Rocinante y ataquémoslo!
Compay Mon: ¿Al dragón?
Don Quijote: ¡Al dragón, al ego y a los encantadores!
Compay Mon: No sé si su lanza alcanza tan lejos.
Don Quijote: ¿Y la vuestra?
Compay Mon: Yo no uso lanza.
Don Quijote: ¿Entonces?
Compay Mon: Uso preguntas.
Don Quijote: ¡Arma peligrosa esa la de vosotros los criollos!
Compay Mon: Sobre todo cuando el poderoso no tiene buenas respuestas.
Don Quijote: Decidme, pues: ¿por qué habría de exhibirse tanto un hombre que ya posee el poder, las armas y el dinero?
Compay Mon: Porque quizá el poder no les basta.
Don Quijote: ¿Qué puede querer un hombre que ya lo tiene todo?
Compay Mon: Que todos sepan que lo tiene.
Don Quijote: ¡Ah! No quiere solamente mandar.
Compay Mon: Quiere ser contemplado mandando.
Don Quijote: Entonces pretende gobernar las miradas.
Compay Mon: Y quien gobierna las miradas empieza a decidir qué parece verdad.
Don Quijote: Entonces el verdadero poder no consiste en que los hombres obedezcan.
Compay Mon: ¿En qué consiste?
Don Quijote: En conseguir que obedezcan sin darse cuenta. ¡Eso sí es poder y tener!
Compay Mon: Que es más barato que vigilar y gobernar conciencias.
Don Quijote: ¡No tan barato! Para eso necesita un ejército de aduladores.
Compay Mon: Ahí también tiene usted razón.
Don Quijote: ¿Veis? También sé pensar. Por algo soy hidalgo.
Compay Mon: Nunca lo he dudado.
Don Quijote: ¡Pues por mi aspecto de apaleado por los yangüeses parecéis sorprendido!
Compay Mon: Estoy acostumbrado a que primero embista y después piense.
Don Quijote: ¡Y vos estáis acostumbrado a pensar tanto que a veces se os escapa la batalla!
Compay Mon: También es verdad. Yo he visto hombres con mucho poder. Lo que nunca he visto es que el poder les quite el hambre a los que están debajo.
Don Quijote: ¿Y qué les da?
Compay Mon: Miedo. Y a veces una promesa. La promesa sale más barata.
Don Quijote: ¡Ja! Ya tenemos empate.
Compay Mon: Todavía no.
Don Quijote: ¿Qué falta?
Compay Mon: Que ninguno de los dos se enamore de su propia razón.
Don Quijote: ¡Eso es difícil!
Compay Mon: Especialmente para los hombres que hablan bonito.
Don Quijote: ¿Y qué hacemos con el rey?
Compay Mon: Decirle que está desnudo.
Don Quijote: ¿Y no teméis su cólera?
Compay Mon: El miedo es como el caballo malo, compa: si uno le afloja demasiado la rienda, termina creyendo que manda él.
Don Quijote: ¡Eso sí es hablar como hombre de armas!
Compay Mon: No de armas. De caminos. El que ha tenido que andar mucho aprende pronto quién viene detrás y quién viene delante.
Don Quijote: ¡Eso mismo!
Compay Mon: Pero hay que tener cuidado.
Don Quijote: ¿De qué?
Compay Mon: De que el que grita “¡el rey está desnudo!” no esté vendiendo otro traje.
Don Quijote: ¡Magnífico!
Compay Mon: Hay quien denuncia una mentira porque quiere colocar la suya.
Don Quijote: Entonces la verdad también necesita vigilancia.
Compay Mon: Sobre todo cuando se vuelve popular.
Don Quijote: ¡Por Dulcinea! Eso es muy cierto.
Compay Mon: Y hay otra cosa.
Don Quijote: Decid.
Compay Mon: No basta con decir que el rey está desnudo.
Don Quijote: ¿¡Ah, no!? ¿Por qué?
Compay Mon: Porque puede quitarse la corona y seguir siendo hombre.
Don Quijote: ¡Ah!
Compay Mon: Lo difícil es convencer al pueblo de que no necesita arrodillarse delante de nadie.
Don Quijote: Entonces la verdadera batalla no es contra el rey.
Compay Mon: No.
Don Quijote: Es contra la costumbre de tener reyes.
Compay Mon: Ahora sí me está preocupando usted.
Don Quijote: ¿Por qué?
Compay Mon: Porque cuando se pone cuerdo, se vuelve peligroso.
Don Quijote: ¡No os acostumbréis!
Compay Mon: Ni usted tampoco.
Don Quijote: Pues andando.
Compay Mon: ¿Adónde?
Don Quijote: A decirle al rey la verdad.
Compay Mon: ¿Y si se enfada?
Don Quijote: Que se enfade.
Compay Mon: ¿Y si grita?
Don Quijote: Que grite.
Compay Mon: ¿Y si nos llama locos?
Don Quijote: Entonces le diremos que la locura es creer que un espejo puede vestir a un hombre.
Compay Mon: Y yo le añadiría una cosa.
Don Quijote: ¿Cuál?
Compay Mon: Que el espejo tampoco vota.
Don Quijote: ¡Ja! ¡Ja! ¡Adelante, Compay Mon!
Compay Mon: Adelante.
Don Quijote: ¡Por la verdad!
Compay Mon: Y por no creernos demasiado importantes mientras la buscamos.
Acto II
El intruso silencioso
Don Quijote: ¡Alto!
Compay Mon: ¿Qué ocurre?
Don Quijote: ¿No lo habéis visto?
Compay Mon: Sí.
Don Quijote: ¡Entonces no estoy loco!
Compay Mon: Eso todavía está por demostrarse.
Don Quijote: ¡Ha cruzado por allí!
Compay Mon: Lo vi.
Don Quijote: Sin séquito.
Compay Mon: Sin bandera.
Don Quijote: Sin discurso.
Compay Mon: Y sin pedir permiso.
Don Quijote: ¡Un intruso!
Compay Mon: O un visitante con mucha confianza.
Compay Mon: Yo conozco esa manera de llegar.
Don Quijote: ¿Habéis conocido a ese hombre?
Compay Mon: No. Pero conozco al que llega mirando primero el caballo, después la casa y al final al dueño.
Don Quijote: ¿Y qué significa?
Compay Mon: Que todavía no ha decidido qué cosa le interesa más.
Don Quijote: Entró, miró al rey y siguió caminando.
Compay Mon: No miró al rey.
Don Quijote: ¿Cómo que no?
Compay Mon: Miró lo que rodeaba al rey.
Don Quijote: ¡Ah!
Compay Mon: Las puertas.
Don Quijote: Los telares y las ventanas.
Compay Mon: Los puertos.
Don Quijote: El oro, la plata y los caminos.
Compay Mon: Y quién estaba vigilando.
Don Quijote: ¡Entonces sí es un intruso!
Compay Mon: No necesariamente.
Don Quijote: ¿Qué puede ser entonces?
Compay Mon: Un hombre que ha aprendido que para entrar en una casa no siempre hace falta empujar la puerta.
Don Quijote: ¡Basta con esperar a que alguien la abra!
Compay Mon: Exactamente.
Don Quijote: ¿Y quién se la abrió? ¡Hay que saber por qué se abrió!
Compay Mon: Claro. Porque una puerta no siempre la abre el que está dentro.
Don Quijote: ¿Quién entonces?
Compay Mon: El que tiene hambre.
Don Quijote: ¿Y eso basta para entregarle la casa?
Compay Mon: No. Pero eso es lo que debemos averiguar. Basta para que la casa empiece a escuchar al que trae comida.
Don Quijote: ¡Yo preguntaré!
Compay Mon: Pregunte usted su merced.
Don Quijote: ¿Y si no responden?
Compay Mon: Entonces ya tenemos una respuesta.
Don Quijote: ¡Ja! Esta vez os adelanté.
Compay Mon: Y esta vez no se lo discuto.
Don Quijote: ¿Veis? También puedo ser astuto.
Compay Mon: Cuando quiere, hasta da miedo.
Don Quijote: ¡Pues sigamos al intruso!
Compay Mon: No.
Don Quijote: ¿No?
Compay Mon: Él quiere que lo sigamos.
Don Quijote: ¿Cómo lo sabéis?
Compay Mon: Porque dejó que lo viéramos.
Don Quijote: ¿Y si no quería?
Compay Mon: Entonces es todavía más interesante.
Don Quijote: ¿Por qué?
Compay Mon: Porque un hombre que consigue entrar sin querer ser visto es más peligroso que uno que entra anunciándose.
Don Quijote: ¡Entonces hay que seguirlo!
Compay Mon: Acaba usted de volver al principio.
Don Quijote: ¡Porque el peligro sigue siendo peligro!
Compay Mon: Y la prudencia sigue siendo prudencia.
Don Quijote: Pues decidme, Compay Mon: ¿qué busca?
Compay Mon: Lo que busca todo poder que llega de lejos.
Don Quijote: ¿Oro?
Compay Mon: Oportunidades.
Don Quijote: ¿Territorio?
Compay Mon: Influencia.
Don Quijote: ¿Súbditos?
Compay Mon: Socios.
Don Quijote: ¡Ah! Esa palabra me gusta menos que “súbditos”.
Compay Mon: Porque los súbditos saben que obedecen.
Don Quijote: ¿Y los socios?
Compay Mon: A veces descubren tarde quién puso las reglas.
Don Quijote: ¡Por mi vida! Entonces el intruso no viene a conquistar.
Compay Mon: Eso parece.
Don Quijote: Viene a ser invitado.
Compay Mon: Exactamente.
Don Quijote: ¡Y una vez invitado puede quedarse!
Compay Mon: Si la casa se lo permite.
Don Quijote: ¿Y si la casa necesita de él?
Compay Mon: Entonces ya no basta con cerrar la puerta.
Don Quijote: ¡Hay que saber por qué se abrió!
Compay Mon: Ahí está.
Don Quijote: ¡Caramba, Compay Mon! Por una vez estamos viendo el mismo gigante.
Compay Mon: Tal vez no sea gigante.
Don Quijote: ¿No?
Compay Mon: Tal vez sea más peligroso.
Don Quijote: ¿Qué puede ser más peligroso que un gigante?
Compay Mon: Un hombre paciente.
Don Quijote: ¡Eso sí es verdad!
Compay Mon: El gigante asusta.
Don Quijote: El paciente espera.
Compay Mon: ¿Y qué hace mientras espera?
Don Quijote: Aprende.
Compay Mon: ¿Qué aprende?
Don Quijote: A que sus enemigos se cansen de defender lo que él todavía no ha atacado.
Compay Mon: El gigante embiste.
Don Quijote: El paciente lo lidia.
Compay Mon: El gigante quiere vencer hoy.
Don Quijote: El paciente puede esperar diez años.
Compay Mon: Ahora sí, compae.
Don Quijote: ¿Qué?
Compay Mon: Ya estamos hablando del mismo enemigo.
Don Quijote: ¡Pues llamémosle enemigo!
Compay Mon: No todavía.
Don Quijote: ¿Por qué?
Compay Mon: Porque no sabemos si viene a ayudarnos, a comprarnos o a usarnos y arrojarnos al zafacón.
Don Quijote: ¡Y hay una diferencia!
Compay Mon: Una diferencia enorme.
Don Quijote: ¿Cuál es?
Compay Mon: Que el amigo pide confianza.
Don Quijote: ¿Y el comprador?
Compay Mon: El comprador ofrece precio.
Don Quijote: ¿Y el que usa?
Compay Mon: Ese ofrece una oportunidad.
Don Quijote: ¡Y cobra después!
Compay Mon: Exactamente.
Don Quijote: ¡Entonces hay que vigilarlo!
Compay Mon: Sí.
Don Quijote: ¿Seguirlo?
Compay Mon: No.
Don Quijote: ¿Por qué?
Compay Mon: Porque mientras nosotros corremos detrás de él, él sabrá por dónde corremos.
Don Quijote: Entonces no debemos perseguir al hombre.
Compay Mon: ¿Qué proponéis?
Don Quijote: Esperar a que persiga aquello que cree que queremos proteger.
Compay Mon: ¿Y si no lo hace?
Don Quijote: Entonces quizá no sea enemigo.
Compay Mon: ¡Caramba!
Don Quijote: La sospecha también puede ser un molino.
Compay Mon: Mejor dejémoslo avanzar.
Don Quijote: ¿Dejarlo?
Compay Mon: Sí.
Don Quijote: ¡Eso parece cobardía!
Compay Mon: No, mi buen hidalgo de La Mancha.
Don Quijote: ¿Entonces?
Compay Mon: Es darle cuerda a la mula, como decimos en la Línea.
Don Quijote: ¡Para que ella misma encuentre el camino!
Compay Mon: Y nos enseñe dónde quiere ir.
Don Quijote: ¡Magnífico!
Compay Mon: Pero no se entusiasme.
Don Quijote: ¿Por qué?
Compay Mon: Porque hay algo que no me gusta.
Don Quijote: ¿Qué?
Compay Mon: Que el rey no parezca preocupado.
Don Quijote: ¡Cierto!
Compay Mon: Si el intruso fuera tan peligroso, el rey ya habría sacado la espada.
Don Quijote: ¡O quizá esté demasiado ocupado mirando su propia armadura!
Compay Mon: ¿Ve?
Don Quijote: ¿Qué?
Compay Mon: Ahí está usted.
Don Quijote: ¿Dónde?
Compay Mon: Encontrando una explicación que le gusta.
Don Quijote: ¡Y vos encontrando una duda que os gusta!
Compay Mon: También.
Don Quijote: Entonces ninguno sabe la verdad.
Compay Mon: Todavía.
Don Quijote: ¿Y qué hacemos?
Compay Mon: Esperar.
Don Quijote: ¡Qué palabra tan poco caballeresca!
Compay Mon: Pero muy útil.
Don Quijote: Esperemos, pues.
Compay Mon: Mire.
Don Quijote: ¿Qué?
Compay Mon: El intruso se ha detenido.
Don Quijote: ¡Nos ha visto!
Compay Mon: Sí.
Don Quijote: ¡Y ahora vuelve!
Compay Mon: No.
Don Quijote: ¿No?
Compay Mon: Está mirando hacia nosotros.
Don Quijote: ¿Y qué hace?
Compay Mon: Sonríe.
Don Quijote: ¡Por Santiago!
Compay Mon: Ya sabe que lo hemos descubierto.
Don Quijote: ¿Y eso qué significa?
Compay Mon: Que ahora empieza el verdadero juego.
Don Quijote: Entonces que venga.
Compay Mon: No.
Don Quijote: ¿Otra vez no?
Compay Mon: Que siga creyendo que estamos esperando.
Don Quijote: ¡Ah!
Compay Mon: Mientras nosotros averiguamos quién lo invitó.
Don Quijote: ¡Ahora sí!
Compay Mon: ¿Qué?
Don Quijote: La espada no siempre sirve para vencer al enemigo.
Compay Mon: ¿Y para qué sirve?
Don Quijote: Para que el enemigo crea que vamos a usarla.
Compay Mon: ¡Caramba!
Don Quijote: ¿Qué ocurre?
Compay Mon: Que ahora el astuto soy yo quien tendrá que aprender de usted.
Don Quijote: ¡No os acostumbréis!
Compay Mon: Ni usted tampoco.
Don Quijote: Entonces, ¿qué hacemos con Rocinante?
Compay Mon: Que descanse.
Don Quijote: ¿Y la batalla?
Compay Mon: Todavía no.
Don Quijote: ¿Y si el intruso avanza?
Compay Mon: Que avance.
Don Quijote: ¿Y si entra?
Compay Mon: Que entre.
Don Quijote: ¿Y si se queda?
Compay Mon: Entonces hablaremos.
Don Quijote: ¿Y si quiere mandar?
Compay Mon: Entonces veremos quién tiene las riendas.
Compay Mon: El que viene de fuera siempre cree que la tierra está vacía.
Don Quijote: ¿Y no lo está?
Compay Mon: Nunca. Aunque no haya nadie a caballo, siempre hay alguien que recuerda por dónde pasó el caballo.
Don Quijote: ¡Ja! ¡Ja! Esa sí es una batalla en alguna de las islas Barataria tan requeridas de buen gobierno.
Compay Mon: Y para esa no hace falta armadura.
Don Quijote: ¿Qué hace falta?
Compay Mon: Cabeza.
Don Quijote: Y corazón.
Compay Mon: Y memoria.
Don Quijote: Y paciencia.
Compay Mon: Y una buena mula.
Don Quijote: ¿Una mula?
Compay Mon: La mula mañosa.
Don Quijote: ¡Ah, vuestra célebre mula mañosa!
Compay Mon: La misma.
Don Quijote: ¿Y qué tiene de especial?
Compay Mon: Que no embiste cuando la provocan.
Don Quijote: ¿Entonces qué hace?
Compay Mon: Se queda quieta.
Don Quijote: ¿Y después?
Compay Mon: Cuando el otro cree que ganó…
Don Quijote: ¿Sí?
Compay Mon: Da el paso.
Don Quijote: ¡Entonces Rocinante puede descansar!
Compay Mon: Por esta vez.
Don Quijote: ¡Que venga la mula mañosa!
Compay Mon: Ya viene.
Don Quijote: ¿Y qué hará?
Compay Mon: Nada.
Don Quijote: ¿Nada?
Compay Mon: Esperar.
Don Quijote: ¡Ja! ¡Ja! ¡Qué arma tan extraña!
Compay Mon: Y barata.
Don Quijote: ¡Pues que la mula mañosa reemplace por hoy las embestidas de Rocinante!
Compay Mon: Y que el intruso descubra que no toda quietud es rendición.
Don Quijote: ¡Adelante!
Compay Mon: Despacio.
Don Quijote: ¿Otra vez?
Compay Mon: No, compa.
Don Quijote: ¿Entonces?
Compay Mon: Esta vez, despacio es la embestida.
Epílogo
Don Quijote: Compay Mon, empiezo a sospechar que el loco soy yo.
Compay Mon: ¿Por qué?
Don Quijote: Porque veo al rey desnudo mientras todos juran que lleva brocado de oro.
Compay Mon: Entonces estamos iguales, compa.
Don Quijote: ¿Cómo así?
Compay Mon: Porque yo veo al intruso mientras usted todavía está buscando al gigante.
Don Quijote: ¿Y quién te dice que el gigante y el intruso no son la misma criatura vista desde dos caminos?
Compay Mon: ¡Caramba!
Don Quijote: ¿Qué?
Compay Mon: Que ahora sí me parece que la mula mañosa va a tener que llevarnos a los dos.
Don Quijote: ¡Entonces vos estáis ciego!
Compay Mon: Y usted, loco.
Don Quijote: ¡Magnífico! ¿Y quién tiene razón?
Compay Mon: La mula mañosa.
Don Quijote: ¿Por qué?
Compay Mon: Porque ni se deja engañar por el espejo ni corre detrás de la sombra.
Don Quijote: ¡Rocinante, hemos sido derrotados!
Compay Mon: No, compa.
Don Quijote: ¿Entonces?
Compay Mon: Nos han dado una lección.
Don Quijote: ¿Quién?
Compay Mon: La mula.
Don Quijote: ¡Pues que nadie se entere!
Compay Mon: ¿Por qué?
Don Quijote: Porque mañana se proclama reina.
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Fernando Ferrán es profesor-Investigador del Centro P. Alemán, PUCMM. Coordinador de la Unidad de Estudios de Haití.