Con justa razón, el iniciado en la poesía de Cisnero puede leer la cita inicial de Gonzalo de Berceo con una sonrisa: es que su fraseo singular no suele evitar los rodeos, ese “hablar torcido” al que aludió en una larga e incisiva entrevista, como estética y marca familiar. Así y todo, podrá preguntarse quiénes son los vecinos con quienes Cisnero pretende utilizar “un lenguaje claro”. ¿Con quiénes quiere entenderse? Podrían ser los argentinos (“argentino significa algo de lo que / nos informaron mal”), los trabajadores (“y la revuelta proletaria por la primera / persona del plural”), los poetas (“a veces doctos mirlos juntos, / a veces tierra baldía”). Un sujeto colectivo al que le habla también una voz plural: un “todos nosotros” que incluso llega a repetirse en el poema 5. Como si la literatura (¿era Deleuze quien lo decía?) hablara utópicamente en nombre del pueblo, los animales (“en la escala de la vida animal”), los migrantes (“aún hasta hoy le debía / estos simples versos de bienvenida”).
Uno de los tantos méritos del libro quizá sea el dramatismo de su forma, que nos hace pensar en la vida misma, sin abandonar por un momento su pulso autorreferencial (casi no hay poema que no aluda a la materialidad de la escritura). De ahí la persistencia de los vocablos “palabras”, “recuerdo” y “olvido”, la misma materia de la poesía. Deudor de la ironía de Aulicino, uno de los homenajeados en el libro, Cisnero se vale de tiempos y modos verbales para arriesgar una apuesta más profunda, la de la representación del tiempo y el mundo: “en el hoy y mañana y ayer lo mismo / que nos olvidamos nos olvidaríamos”. Como puede advertirse, llega en ocasiones casi al juego de palabras con los marcadores temporales, el recurrente condicional simple y compuesto y el modo subjuntivo, evidenciando el carácter conjetural (lo podemos decir borgeanamente) de cada poema: “han de permanecer en este manuscrito, / tan azules, tan comprimidos como fuese / posible. para que se parezcan más / a nuestros sueños, allá donde vayamos.”
Sin duda, la falta de mayúsculas, junto con la profusa puntuación y el trabajo sintáctico (el hipérbaton y el encabalgamiento son una constante y en los poemas 5 y 8 se alcanzan los ejemplos más intensos de su uso), nos hacen pensar en un recurso que refuerza la fluidez del ritmo. Y nos llevan a preguntarnos por el valor de los referentes Vera, Merlina, Banchs, Aulicino y Cruz, cuyos nombres son los únicos que merecen las mayúsculas.
En ese sentido, la forma deviene una ética para Cisnero (“cuanto significa el mundo / no se vende ni se compra”), que, como peronista, habla de “lealtad”, “dignidad”, “dijimos que no”. Por eso la felicidad de su dicción, a pesar de la melancolía (el libro culmina incluso con voces de despedida) y el dolor, que nos recuerda, con aire vallejiano, la construcción de una lengua a lo Tedesco. Muchas palabras y expresiones poseen un deliberado aire arcaico para decir que “somos nuestra / propia ilusión”, para “admitir el más alto cántico del pulso / con que vivimos”.
Vanguardista en su forma pero sin pose experimental, Cisnero aborda sin prejuicio la tradición lunar de la poesía, cuando alude a la “noche alta, pórtico lunar, construimos / nuestras casas para abandonarlas” y su roce con el misterio (“otra noche sin computar el tiempo”), percibe sus cambios (“ya declina la luna. aquella misma luz, / aquella misma luna nos orna y colora”), se siente iluminado en el amor y la distancia (“mientras huye la luna, / mientras nos despedimos para siempre”), capta su ligazón con los ciclos terrestres (“dizque salió la luna y al otro día / y a la otra noche volvió”).
Borgeano también en esto, su escritura se vuelve rescate del olvido (“es cuanto elegiríamos para recuerdo”), captura detalles (“entonces advertiríamos / dos lunares”), ficcionaliza la memoria, cuando no recuerda con exactitud (el poema 6 posee un largo inciso en el que se recuerda un hundimiento: “recordaríamos confusamente la tarde / de aquel día (…) alejarse y permanecer distante / mientras repetimos, a despecho del mundo, / a quien leyere, confusamente la misma / escena: una tormenta hizo girar tres veces / la nave y la hundió a la cuarta”), convierte los recuerdos individuales en testimonios históricos y culturales compartido (“contaré una historia sobre todos / nosotros”). La voz de Román paladino reescribe el dolor (“nos volvimos viejos destruyendo demasiadas / cosas y todos los recuerdos terminan igual / (son gratuitos y asedian a propios y extraños)”), amplifica el detalle ((Vera dijo: es sólo un difusor (…) alguno / sabrá recordarlo por el otro”), y sobre todo, se reconoce hija melancólica que desea recuperar aquello que el olvido ya empezó a borrar (“el secreto de aquello que creímos / recordar”), latiendo al son de una música que “vaga por el arco del cielo y no regresa más”.
Acerca de Alberto Cisnero (La Matanza, 1975)
Publicó: El límite de la materia (Ruinas Circulares, 2012); y otros libros.
Publicará: en 2027 Este libro es para vos; en 2028 Recuerda esa palabra; en 2029 La ninfa huye; en 2030 Fierro; y así sucesivamente. Vivo o muerto.
Ajab (Barnacle, 2016): obtuvo una mención en los “Premios Nacionales de Poesía 2015 / 2018”.
Mil brillos apagados (Barnacle, 2024): en 2008 el libro resultó finalista del Concurso de Poesía “Olga Orozco” cuyo jurado estuvo integrado por Gonzalo Rojas, Antonio Gamoneda y Juan Gelman, poetas galardonados con el Premio Cervantes de la Lengua.
Integra las antologías: La nación generosa: 111 rutas al otro lado del mar (La Gaya Ciencia, Murcia, 2015); La carta perdida II (Arta-Fundación Andreani, Buenos Aires, 2022); El silencio organizado: poesía argentina contemporánea y sus consecuencias prácticas (Colección Sur, La Habana, 2024); Toda poesía es hostil al anarcocapitalismo (Askasis, Valparaíso, 2024); Poesía argentina del siglo XXI (Clara Beter, Buenos Aires, 2025); y Águila y sol / Sol y águila. Antología de poesía contemporánea mexicana y argentina (Comma, Ciudad de México, 2025).
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Diego Colomba nació en San Nicolás (provincia de Buenos Aires) en 1972 y vive en Rosario desde 1990. Doctor en Humanidades y Artes, mención en Literatura. Obtuvo menciones y premios en Concursos Municipales, Provinciales, Nacionales e Internacionales, y las Becas de Creación del Fondo Nacional de las Artes 2019, 2021 y 2022. Editorial Barnacle ha editado su producción poética más reciente, entre las que se destacan “Papá trajo a casa un Cuatro Ele” (2018): Mención Honorífica Premio Provincial de Poesía José Pedroni, categoría Obra Editada, 2019; Mención Honorífica Premios Nacionales, categoría Poesía, Ministerio de Cultura de la Nación, 2019; y “Una luz celeste” (2025).