Falleció el escritor y periodista Luis Martín Gómez

Nota de Prensa

El destacado escritor y comunicador Luis Martín Gómez Perera ha perdido la batalla por la vida, tras una inesperada y grave enfermedad que lo tuvo recluido en un centro médico durante las últimas semanas.

Nacido en Santo Domingo, en 1962, fue un reconocido periodista y escritor, destacado además de por su calidad literaria, por su don de gente, su sencillez, su humildad y su profunda entrega a su trabajo.

Gómez Perera fue un ferviente seguidor y divulgador de la obra de Juan Pablo Duarte, a través del documental “Juan Pablo, un acercamiento al Padre de la Patria”, que escribió y produjo en 2013. En 2019 visitó Vejer de la Frontera, cuna de los antepasados de Duarte, y estableció nexos culturales con esa localidad española.

Así mismo, lideró la iniciativa de un cenotafio para Rosa Duarte, hermana del patricio, en 2021.

Dos veces Premio Nacional de Cuento, 1999 y 2009; Premio Nacional de Literatura Infantil, 2003; Primer Lugar en el Concurso de Cuento Virgilio Díaz Grullón, Banco Central, 2002; Primer Lugar en el Concurso de Cuento Radio Santa María, 1995, Luis Martín Gómez asumió el cuento y el ensayo como expresiones de su pensamiento personal.

Durante varios años se desempeñó como Director de Comunicaciones del Banco Central y su voz identificaba la entidad tanto en comerciales como en notas de audio.

Fue el autor de: Dialecto (1999); Juke-box di sogni (Vellonera de sueños, 2002); La destrucción de la muralla china (2003); Mamá, a aquella caracola le está naciendo un mar (2004); Memoria de la sangre (2008); El hombre grama y otros cuentos verdes y pintones (2010); así como de la novela Rumor de río (2016); y del poemario Mar de amor (2025).

Cuentos suyos han sido incluidos en antologías de Italia, España, Bulgaria, Bélgica, Cuba, Guatemala, Argentina y República Dominicana.

 

José Alcántara Almánzar: En memoria de Luis Martín Gómez, sus libros y su prosa

Era todavía un adolescente cuando lo conocí, en aquellas aulas del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), durante los años ochenta del siglo pasado, cuando él asistió, junto a un pequeño grupo de condiscípulos, a las reuniones de los sábados, un encuentro voluntario, sin créditos ni notas, un taller literario del que emergieron algunos escritores, siendo él uno de los más brillantes y reconocidos públicamente, con obras que merecieron galardones, como prueba de un talento innegable que la muerte ha truncado en cabal plenitud.

Luis Martín Gómez Perera (1962-2026) parte hacia otra dimensión, de manera inesperada, dejando abatidos a su esposa e hijos, las nietas que eran su adoración, los hermanos, amigos y relacionados que lo queríamos y admirábamos, por todo lo que él representó en vida. Pero el consuelo, si bastase hablar de consolación, es que deja entre nosotros un tesoro literario por el que será recordado, en un registro creativo del que nadie podrá prescindir.

Sus libros de cuentos, su novela corta y otros escritos, trajeron nuevos aires a las letras dominicanas. Por su sentido del humor, contagioso, lleno de gracia, irreverente y a ratos sarcástico, muy escaso en nuestra literatura, que él exhibía con gracia y alegría. Por su dechado de profesionalismo en un excelente trabajo como periodista, locutor y maestro de ceremonias.

En el fondo de ese derroche de chispa y buen decir, se anidaba el espíritu de un «niño grande» que nunca llegó a convertirse en adulto, en los aciertos o en los errores, y que lo mantenían en una esfera ideal que era la fuente principal de esa sonrisa con la que conquistaba el corazón de sus amigos y relacionados.

Muchos años después de las reuniones en el Círculo Literario, Luis Martín ingresó al Banco Central de la República Dominicana como director del Departamento de Comunicaciones, cargo que desempeñó de manera eficiente, y el de miembro del Comité de Publicaciones, dando lecciones de integridad ética, responsabilidad ante la prensa local y los escritores de nuestro ámbito, y elegancia cuando le tocó fungir como artífice en la maestría de ceremonias institucionales. Por eso se granjeó no solo el respeto del gobernador y demás autoridades, sino también el aprecio de sus colegas, en esas esferas que solo logran conquistar los seres privilegiados.

A pesar de los consejos que intentaron disuadirlo, Luis Martín renunció a su empleo en el Banco Central, donde era querido y admirado y del que nadie imaginaba que se iría, para centrarse en otros asuntos, en especial la tesis doctoral que tanto lo ilusionaba. Pero la paradoja es que la vida tiene un plan maestro que a menudo contradice nuestros planes más soñados e imprescindibles, pues no somos más que individuos indefensos, sin control de nuestra existencia, amenazada de continuo por la traidora enfermedad, o el fatal accidente.

Y así se nos ha ido este amigo entrañable y talentoso, uno de los altos exponentes de la literatura dominicana contemporánea, un hombre de pequeña estatura y gigante de ideales y proyectos, dejándonos en el triste páramo creado por su ausencia. Ahora solo nos queda el alivio de recordarlo como era: alegre y travieso, honesto y afectuoso, vertical y amable, todo en uno, y saber que nos acompañará, como buen escudero, durante el tiempo que nos quede en este complicado tránsito del que escribió Jorge Manrique en sus Coplas: «Nuestras vidas son los ríos, / que van a dar en la mar, / que es el morir…»

(Tomado del periódico Hoy, sección El País, Santo Domingo, República Dominicana, agosto 18 de 2026)

 

Denis Mota Álvarez: Luis Martín dejó un legado de historias imborrables

Hay ausencias que no se miden en el silencio, sino en la repentina orfandad de la palabra. Con la partida de Luis Martín Gómez, las letras y la comunicación en la República Dominicana pierden a uno de sus orfebres más sobrios y profundos. Su voz, esa misma que por años fue una instancia nacional y timbre cercano en el espectro público, se apaga en lo físico, pero deja tras de sí un legado de historias imborrables.

Hablar de Luis Martín es evocar a un hombre que habitó la literatura con la humildad de los grandes. Dos veces galardonado con el Premio Nacional de Cuento, su mirada narrativa no buscó jamás el artificio hueco ni la estridencia, sino la precisión relojera del lenguaje y la calidez de la condición humana.

Títulos como «Dialecto», «Memoria de la sangre» o «Rumor de río» dan fe de una imaginación rigurosa capaz de retratar lo cotidiano con una poética sutil y universal. Sin embargo, su vocación no se agotó en el cuento. Supo conquistar la infancia con historias luminosas y regalar la belleza lírica de su reciente poemario «Mar de amor».

Su travesía bibliográfica revela a un autor de voz versátil y honda sensibilidad a lo largo de su prolífica trayectoria literaria, Luis Martín Gómez consolidó un corpus bibliográfico tan diverso como sugerente, transitando con singular maestría entre la narrativa breve, la literatura infantil y la poesía.

Su prosa cruzó fronteras para instalarse en antologías europeas y latinoamericanas, demostrando que la verdadera literatura local es siempre un puente hacia lo universal.

Su fervor por la memoria histórica lo convirtió en un guardián de la dominicanidad: su devoción por la figura de Juan Pablo Duarte y su empeño por honrar la huella de Rosa Duarte revelan a un intelectual comprometido con la identidad y el alma colectiva de nuestro pueblo.

En el periodismo y la gestión institucional, dejó una impronta intachable. Quienes compartieron redacciones, proyectos o la Dirección de Comunicaciones del Banco Central recuerdan al profesional riguroso, pero sobre todo al ser humano generoso, accesible y de una sencillez luminosa.

Hoy, mientras familiares, amigos y la comunidad cultural le rinde tributo, nos queda la certeza de que su partida no borra la tinta de quien supo escribir con el corazón. Luis Martín Gómez no se va del todo, se queda habitando para siempre en sus cuentos, en su compromiso ético y en la sonrisa serena de su legado.

(Publicado en el suplemento cultural Areito, diario Hoy, 22 de agosto de 2026)

 

José Mármol:

La de Luis Martín Gómez (1962-2026) ha sido una partida inesperada y muy dolorosa, tanto para su familia, a la que amó hasta su último suspiro, como para nosotros, sus amigos, colegas de la comunicación y compañeros de quimeras literarias y culturales. Como en Cesare Pavese, la muerte ha venido y ha tomado sus ojos. Nada llenará el hueco que ha dejado su partida, porque fue un ser humano extraordinario, singular, noble hasta el dolor. Que su alma descanse en paz, en la eternidad de lo desconocido, y que su palabra escrita perdure como un legado de valor en nuestras letras y en nuestra cultura. Hasta siempre, franco amigo, hermano.

(Publicado en las redes sociales del autor, agosto 18 de 2026)