Por todas partes en el viento

me voy

como una fisura

como un residuo de esperanzas

porque de mi isla
la tierra pare demasiados cielos de rodillas

de mi ciudad
archipiélago ahogado de vacíos

los guijarros solo besan
estrellas codiciosas

 

Todo viaje

es un cuaderno entintado de gritos

un canto de amores reventados

que camina

en diagonal hacia el sol

 

Todo viaje es una marea de verbos flotantes

de palabras-espejo

vertical

en el extremo del silencio

 

Nado de pie en las olas de los estragos

para no partir

lejos de mí

y parto mil leguas de mi cuerpo

sin querer morir en él

 

Poema asediado de dolores

el grito de los relojes pesa más

que mi ciudad

tiempo empapado de rumores

las olas cantan el viaje al revés

y todos nos preguntamos

cómo no girar en uno mismo como una puerta endemoniada

para reivindicar su parte

de estación

cómo no vomitar las espumas de la noche

para ser ese beso

que el alba quiere habitar

 

Si el día lleva las angustias de instantes desbocados

es porque la noche vomita nuestros cuerpos

como bagazo

Si el humo estalla de punta a punta en la acera

es porque se estrangula

la luz

en los cuatro rincones del viaje

 

Colinas

Collares

Azores y palmeras

toda llora a mi alrededor

como un río de aromas en el viento

 

Lágrimas pobladas de ausencias

Desesperanza cruda

El tiempo olvida su collar

en la bajamar de plenitudes

 

Llueve un canto de adiós

sobre mi ciudad

Sonidos de campanas heridas

Voces desafinadas

Miradas

Abrazos

y nombres que se olvidan de tanto beber el espanto

 

Ayer el cielo escupía verano

y aún llevaba una estrella que reía en mis brazos

ayer las flores como los niños

tenían derecho a soñar

el mar como el viento

llevaban

nuestros cantos libres

 

Ayer mi tierra era un poema

alma empapada

de tambor

receptáculo de la aurora

 

Hoy toda canción

nace

de la arrogancia del polvo

todo deseo se inventa

se embriaga

del exceso de los excesos

 

Llueve un canto de adiós

sobre mi ciudad

calles que huyen porque temen la sangre

ojos reventados de sueños

y el sol semejante a un vagabundo

da la espalda

a sus amores

 

Llueven ondas

llorando

su mal de vivir

relojes abrumados por inminentes naufragios

y luego el niño que sigue los convoyes

sin saber

a dónde va

y que ya porta en sus manos

la sepultura de las mañanas ahogadas.

 

(Traducción: Sarah Amaro y Philippeson Juste)

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Richardson Auguste, es educador y poeta haitiano. Es miembro del Centro Pen Gonaïves, del Círculo de Jóvenes Comprometidos con la Lectura (CEJEL) y también presidente del Festival de Poesía Boisrond-Tonnerre en Gonaïves. Publicó en 2022 “Carta de una temporada herida” en las ediciones del rocío. Ese mismo año, ganó el Premio Amaranthe (categoría poesía) por su texto titulado “Viaje para degollar la noche”. Para nuestro poeta, el acto de escribir es un acto de compromiso. Cree firmemente que un poeta es un inventor de amaneceres y bellezas en un mundo en perpetua renovación. Richardson Auguste se presenta como una voz emergente de la poesía haitiana francófona, expresando el sufrimiento, la rebelión y la esperanza a través de un estilo poético comprometido. En “Viaje para degollar la noche”, el sujeto lírico se nos presenta con una gran carga emocional, donde revela un fuerte apego a su lugar de origen. La voz poética también demuestra una profunda capacidad de introspección, reflexionando sobre el significado del viaje, la memoria y el paso del tiempo. Hay una lucha interna evidente entre el deseo de escapar y la imposibilidad de desprenderse de las raíces y los recuerdos.