Toda resurección lleva su tiempo
No crecerá un jardín en este páramo,
ni algas ni corales, ni especies invencibles,
ni siquiera algún musgo verdeciendo lo negro.
Todo el barro se mezclará en la arena,
toda la arena triturada en el vidrio,
y el polvo en el metal, y la vida en la muerte.
Las turbinas que vuelan encienden tuberías,
absurdos toboganes de lo que no se encuentra.
Pero se puede ver un halcón a lo lejos
que conoce el sabor y el olor de las ratas.
No crecerá un jardín, ni siquiera una selva.
Tal vez cañaverales como huesos que brotan,
huesos que como dedos escribirán los nombres
de los mismos verdugos que arrasaron los puentes
para que muera el río.
No crecerá un jardín en este páramo.
El viento sopla lejos sobre un bosque.
Las piedras acarician el agua.
La luna por el cielo.
Y ranas a la orilla con su canto estridente
anunciando, por fin, el inicio de todo.
Tigre
Felino sí.
Probablemente puma o simple gato:
la madera tallada no transmite verdades
y a un tigre de madera no se le ven dibujos.
Faltaría un pintor, alguien que con minucia
le decore el hocico, las patas, los costados,
para que la madera forme al tigre,
espejismo de rayas, pura voluntad de artesanía.
Luego sí, vendrá algún domador hecho de plomo:
acercará la silla, y al oído del tigre
escupirá verdades hasta formar la jaula.
Con un poco de alambre cubierto de algodones
construirá un gran aro para que el tigre salte
y el fuego lo consuma, como consume el fuego la madera.
¿Y si el tigre le ruge? ¿y si el tigre no salta?
¿si la silla se rompe y el domador tropieza?
¿y si el fuego perdona los colores del tigre
y se encarga del plomo y lo convierte en río,
y el tigre va y se baña, como hacen los tigres
que no son de madera, y se queda sin jaula?
¿Entonces se sabrán los dibujos del tigre?
¿O será por el agua, su devenir, sus ríos,
que Heráclito hablará de las certezas?
Motivos
No es fácil perder tantas peleas,
remontar las tareas cotidianas,
decidirse a vivir con la náusea en la nuca.
Resucitar por día, por minuto,
reencarnado en helecho o en hormiga,
resucitar contrarreloj en la caída
para evitar morir de doble muerte.
No es posible aflojar: así es el juego,
esta sutil condena de continuar naciendo
a pesar de los otros.
Por eso es que persisto en mi disfraz de circo,
porque la risa y el amor son escaleras
que trepamos sin miedo mientras nos resbalamos.
Quiero decir:
tus ojos me han mirado,
y así vale la pena tanto esfuerzo.
—–
Carlos J. Aldazábal (Argentina, 1974). Sus últimos libros de poemas publicados son: Camerata carioca (2016), Mauritania es un país con nieve (2019) y Paraje (2021). Obtuvo, entre otros, el Premio Olga Orozco del Fondo Nacional de las Artes (2021) y el Premio Ciudad de Irún (País Vasco, España, 2019). Su poesía ha sido traducida a varios idiomas e incluida en antologías nacionales y extranjeras.