De El ojo del arúspice (1984)
30 DE ABRIL, 1960
el hombre mide justo lo que sueña en cada cosa
duro chocan las aguas su límite de hueso sin abrirlo
futuro es azar: virulencia de un juego interminable
el progreso retorna al corazón de un círculo clavado
un raíl de yodo puro una lluvia de dados sin reposo
devenir se me gasta en eterno retornar memoria abajo
tantos treinta de abril y no el año sesenta que no ha vuelto
tanta extensión de muertos poblaciones de cruces
destino es carácter escribía Heráclito al pie de las derrotas
destino es un decir un riesgo a no decirlo nuevamente
De Encuentro con las mismas otredades, 1 (1985)
XXVII
LA GENEALOGÍA DEL MÁS ALLÁ
Eres bella como el miedo
BATAILLE
todo no debe necesariamente empezar y acabar después
hay cosas que empiezan y no terminan nunca
hay cosas que hace miles de años aún no empiezan
hay otras cosas que jamás empezaron y ya son eternas
todo no necesariamente debe terminar o empezar
todo no necesariamente debiera siempre ser o no ser nunca.
De Encuentro con las mismas otredades, 2 (1989)
PENSAR
pensar en que fuera necesario no pensar. ya es pensamiento. piensas qué pensará el chofer. cuando del guía cuelga y la noche le avanza por los nervios. piensa tal vez en la niñez. en la escuela de barrio. en el café que invade la blancura del pan. quizá piensa en el primero. en el irrepetible amor que nunca estalla. piensa en la negra vellonera con sus luces y cantos de juguete perdido. piensa tal vez en la velocidad izquierda del oscuro paisaje. en la mancha recrecida de las últimas desgracias. piensa (es un lamento y una posibilidad) en el cuerpo desvalido de una joven mujer. provisto de una música en silencio y un resuello. piensas y te alargas qué pensará el chofer. cuando pensar en que fuera necesario no pensar. ya es pensamiento.
De La invención del día (1989)
ESQUICIO DEL VUELO
voy a dibujar un pájaro que es su mismo vuelo. y un vuelo que aún no tiene pájaro. vuelo que se crea con su pájaro. pájaro agotado en los tonos de su vuelo. no voy a dibujar un pájaro volando sino al mismo vuelo dibujándose. y en mi turno de sentirme dios. voy a crear un himno para el viento y la memoria.
De Lengua de paraíso (1992)
RECUERDO DE PROVINCIA
A mi madre, Antonia
Para el alma de la casa un incensario gris,
Unas viandas muy frescas, un par de zapatos que brillar
para mí.
Henchidos de pereza (arte de inexistir)
Los animales yacen sobre sus tibias sombras
Y las flores atizan su renacer banal.
En el cuarto cada objeto dilata una posición,
Hace maravillas con su peso y su color,
Acosado por el ojo, enternecido por la mano que lo
piensa tocar.
Eran los granizos de mayo mi concierto
Y en diciembre, a los huesos el húmedo brotaba en
propiedad.
A la izquierda se movía un equilibrio sordo, un quejido de
sombras,
Una luz de cayena como dichosa lumbre,
Un amenazante orificio de piedad.
Para el alma de la casa una efigie de sol, un racimo de tedio,
Agua hirviendo, más unciones
Y un ensalmo diligente para mi curación.
De Deux ex machina (1994)
DEUS EX MACHINA
Arroja tú los dados, Señor, te ha llegado el turno y es invierno. Arrinconado está el tridente, una piel de ceniza cubrió las cordilleras. Señor, he aquí el canto de la luz a ti debida, en la quietud del mar y discreción tan pura de la noche infinita. He aquí a tu hijo El fuego, ardiendo con su tacto la superficie toda y el agua seduciendo con su lengua dorada. Ved aquí, Señor, su hermanastra El alba, hierofanta líquida, posesa de las formas. Ellos narran en su tremendo idioma, las celebraciones, la obediencia, y el pecado. Arrójanos tú esta vez, Señor, la semilla y el varón de la especie más sana. No lo anuncies al azar, porque deviene llanto y se alza con el tibio rumor del pavimento, y otra vez se nos pierde, nos castiga, nos repudia. Que nadie sino tú, oh Señor, esgrima esta vez el cuchillo del jifero; madure un acorde cuando la vida cese y la lluvia limpie, sorpresiva, las caderas uncidas de los copulantes. Arroja tú los dados, Señor, te ha llegado el turno de lo ineluctable. Despídelos sin miedo de tu anchurosa mano, porque a los ocho lados de la suerte nada espera, y hacia la muchedumbre y el desastre apunta el cielo. Arrójalos tú, Señor, te ha llegado el turno y es ardiente verano.
De Criatura del aire (1999)
INVITACIÓN AL VUELO
Despliega tus alas; lo plegadizo es signo de la muerte.
Todo viene del aire y hacia el aire vuelve.
De puro frenesí.
Destapa los poros, resucita las plumas de tus pliegues,
ven a tocar el cielo desatado de tu instinto.
Respírate tú misma, aquí, ahora,
en la infinitud profunda de la noche más alta.
Asciende sobre ti, deshazte en tus deseos, maravilla,
maravilla.
Vuela hacia arriba, hacia abajo, hacia los cuatro vientos
y los siete mares.
Despliega tus alas; lo estático es pose de la pena,
y jamás florece, y jamás se arrima.
Asciende sobre mí, rehazte en tus latidos, maravilla,
maravilla.
Despliega tus alas; lo plegadizo engendra pesadillas.
De Torrente sanguíneo (2007)
ES UN BOLERO TODO
Respiro los colores de la música. Su nervadura siento dilatar.
Bien cantado y tiernecito, un bolero es un puñal.
Eso lo sabes, Teddy, era el código del barrio.
Suspendido piensa el crimen desde la muñeca izquierda.
Un bolero no tiene victorias que contar.
Apenas un reposo de pretérito en pretérito,
de nostalgia en nostalgia, de melancolía en dolor.
No respira nada en la ciudad desierta.
Una botella rota bajo la vellonera, un desengaño estalla
de pared a pared.
Y mientras, el bolero destaja corazones en alcohol.
Una mujer que dijo ser la reina de un rufián
blandía su cuchillo sobre la piel del aire.
Figo, el príncipe felino, medita sereno desde su altivez,
cuando es bolero triste la ciudad hacia el ocaso.
La de mi nostalgia es provincia inerte, sumida en el fango
del olvido.
La Barra Chattanooga, el pequeño bar azul de Romeo
y un laurel,
El bar amarillo de Vinicio y vitrolas de Quintino
rompiendo el amanecer.
Es un bolero todo cuanto existe, ya lo ves.
Es un bolero todo lo que ya nunca será.
De Miradas paralelas (2009)
I
El eclipse es del ojo; no de la mirada.
Sombra ilusa que cede al ruego de la luz.
Del pretiempo hasta hoy dominan las tinieblas.
Es del ojo el movimiento; no de lo circundante.
Yo miro desde el cielo y del aire me sostengo.
¿Adónde posar el cuerpo para ligero descanso?
¿En el oro putrefacto de la luz inamovible?
¿En la triste obsidiana del acecho con su miedo?
He caminado tanto desde que me hice hombre.
El letargo es del ojo; no de la mirada.
De Lenguaje del mar (2012)
LENGUAJE DEL MAR
El mismísimo, eso sí, el inmenso irrepetible,
el mar alzado en vuelo, lentitud del lastimado,
alas que no pueden los azules levantar.
Un pájaro, ese,
cautivo, tal vez, me lo pregunto,
en su líquida y revuelta enredadera de sal.
Amarrado, puede ser, a la estela del aire y los pasos de sol,
en la suave traslación reposada del disfrute.
El mismísimo, el adorado en yodo
con la luna colgada en la quilla de tu rostro,
el que riega las arenas para el toque de tus pies.
El mar tuyo, el mar nuestro,
el de los acantilados feroces y las playas de luz,
el de las bolitas de queso crujiente, calamares en su tinta,
vodka tónica con chapas de limón.
El mar, eso sí, el de tu mirada de ámbar en la tarde de ayer,
el de la voz que dijo, mi niña,
no te vayas a mover del horizonte, quieta, ahí no más.
De Casa de sombras (2013)
I
La muerte no pudo ser lugar habitable.
Plácido, tranquilo, silencioso el solar
como un parque de tarde infantil sin vacaciones,
como una catedral
bajo un cielo nublado de pájaros en vuelo circular.
Ancha la escalera de mineral precioso;
barandas de madera centenaria;
decorados fastuosos como guiños del horror.
En esta casa tiembla de miedo hasta el temor.
Se preparaba mientras la fiesta del escarnio.
La jovencita dijo yo prefiero morir.
Pero su padre impuso valía en la ocasión,
que habita su futuro en la belleza de sus partes.
A no ser por la soberbia, el ademán del odio,
a no ser por el ansia insaciable de poder,
en esta casa halo de ternura pudo haber.
A pesar del derroche, orgías y oropeles,
la muerte no podía ser lugar habitable.
De A través de mis ojos (2014)
EXISTIR
Existes, es verdad, porque ella te imagina. Y más allá de la muerte, Ángel, que fue tu nombre, tu decir acompaña al mundo en sus vaivenes. Sin su palabra en ti todo fuera naufragio. Un surtidor espanta las ventiscas del verano. La lluvia pudo apenas contener esos incendios. Existo porque el otro me da su dimensión. Existo porque soy el otro enajenado. Existo porque hay un extranjero en mí, al que doy una moneda, un rechazo, un desconsuelo en medio de la incertidumbre. Existir lleva consigo el aliento de morir. Pero, morir en nada se asemeja a no existir, porque es en la existencia donde la muerte vive, se dilata, refunfuña, tuerce el rabo de la puerca y babea. Existir es ir venciendo el morir de cada instante. Gracias por existir, muerte inmunda, porque sin tu hedor no habría encontrado las fragancias, los perfumes, la virtud de tus opuestos. Alzo la mirada y existo porque descubro. Bajo la mirada y descubro porque existo. Así se urde la trama de la existencia. Así emana la oración de descubrir por existir y viceversa. La mirada provoca la existencia de las cosas. El contraste va hacia un extremo; es en los matices donde habita el significado verdadero y profundo de existir.
De Yo, la isla dividida (2019)
YO, LA ISLA DIVIDIDA
Yo, como la isla,
rodeado de ti por todas partes, dividido.
Apagado. Compungido. A la sombra.
Mientras tu rayo esplende como el aura temprana.
Me acomodo en el último pasillo del ocaso.
Me contento con ser de la música el vacío
y de las palabras, cuando las pronuncias,
apenas el asomo, dividido,
resquicio tal vez de aquel instante clave, inesperado,
en que de la cosa el sentido se resbala
y la vocal se arrulla y se cierran los labios
y ya nada se dice ni ha quedado por decir.
Yo, como la isla siempre,
ahora sin ti,
rodeado de mi propio animal por todas partes.
—-
José Mármol es Premio Nacional de Literatura 2013. Autor, entre muchos otros, de Yo, la isla dividida (Visor, Madrid, 2019) y Donde todo triste ruido hace su habitación. Poesía (1984-2019) (Visor, Madrid, 2026).