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Rosa Tavárez constituye una de las más prominentes creadoras de la pintura moderna de República Dominicana. Su dedicación al arte y, en especial, al grabado la convierte una de las artistas más influyentes del movimiento del grabado en la República Dominicana, al ser la responsable de su aparición y florecimiento en ese territorio.

Rosa Tavárez revela en sus trabajos los niveles de erudición creativa y dominio técnico del oficio que posee, así como los lenguajes pictóricos correspondientes a las personalidades más emblemáticas de la pintura moderna dominicana. Al observar el conjunto de sus obras, se evidencia su labor consagrada a la pintura y el grabado que, desde su formulación estilística, demuestra que tocó la plenitud de su madurez creativa, fundada en la experiencia, la vitalidad poética de su expresión plástica y en la historia de su sensibilidad. En este sentido, vincula su arte al impulso emocional que le facilitan el esplendor de la luz goyesca. Es reiterado en sus obras un universo mágico que nos remite todo el tiempo a la madre naturaleza. En sus ríos, montes, animales y seres alados se aprecia un apego a lo natural a las raíces culturales y primitivas del espacio caribeño.

Su obra es muestra de uno de los momentos más ricos y fructíferos del arte dominicano, sobre todo de la postvanguardia. Sus piezas se caracterizan por la experimentación y la renovación, por lo cual casi nunca recurre a un mismo lenguaje. Su obra pictórica es aguda e intuitiva.

Es evidente en las producciones de esta artista dominicana la influencia de diversos movimientos pictóricos europeos tales como el surrealismo (Sueño, Catarsis), el fauvismo (Ece-homo, Germinación de Flora), el expresionismo (Miedo) y la abstracción (Rosa). Sin embargo estos constituyen sólo herramientas de las que se vale para la experimentación, pues, en la concreción de sus múltiples trabajos, logra imprimirles un sello particular y su propia visualidad.

En sus grabados, a diferencia de la pintura, la figura femenina adquiere un mayor protagonismo. Con ella, la autora discurre sobre temas como la violencia y el abuso físico y sexual. En relación con ellos, la artista refleja problemáticas propias de su espacio. Su obra, en este sentido, es lacerante.

En años recientes, las constantes experimentaciones de Rosa Tavárez la han acercado a la pintura mural, el performances, el body art sin distanciarse de la pintura y el grabado. Estas nuevas producciones contribuyen a fortalecer y enriquecer su quehacer artístico.

(Sin firma, http://pintoresuniversales.blogspot.com/2013/06/rosa-tavarez.html)

Rosa Tavárez, con 22 años.

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Rosa Tavárez fue, en 2012, uno de los 24 artistas magistrales invitados –uno por país–, oriundos de España, Portugal y América: ellos entregarían una pintura, y, en base a esta, realizarían grabados originales. La convocatoria, históricamente motivada por el Bicentenario del Tribunal Supremo y de la primera Constitución española –popularmente llamada “la Pepa” –, pedía al artista tratar el concepto de justicia.

Tuvimos el honor de recomendar a Rosa Tavárez, pintora y grabadora, inmediatamente acogida. Si no la pudimos acompañar, por una dramática razón familiar – la enfermedad fatal de mi esposo–, nos alegró el éxito rotundo de la representante dominicana y de su trabajo entre sus pares iberoamericanos del arte y de la crítica.

No solamente consideramos maravilloso que un aniversario oficial de tanta magnitud se celebrase con una muestra de arte, sino impresiona más aún que la categoría del grabado, desgraciadamente incomprendido aquí por público, coleccionistas e instituciones, haya sido la elegida para una fecha excepcional.

Una obra gráfica de Rosa Tavárez ingresó al famoso MoMa, sueño de todos los artistas, además de formar parte de la colección de arte de la Casa Real de España, ¡otro alto honor y primicia!

Este episodio, memorable, por cierto, corresponde a la brillantez de Rosa Tavárez como talento estelar de la gráfica y la más importante investigadora en esta disciplina. Ella llevó el grabado a niveles inigualados en el ámbito dominicano. Experta no solamente en litografía, sino en múltiples procesos y técnicas, que estudió, dominó, perfeccionó: xilografía, intaglio, aguafuerte, agua-tinta, colografía, experimentos mixtos… una diversidad increíble.

Ahora bien, en la década del 80, la desventura dominicana del grabado obligó a Rosa Tavárez –académica sobresaliente desde la Escuela de Bellas Artes en dibujo y pintura, con extensos postgrados en Estados Unidos–, a apartarse parcialmente de la gráfica y a trabajar cada vez más en pintura. Sin embargo, mantuvo fervor y compromiso admirable, hasta fundar en los albores del tercer milenio la Casa del Grabado, dedicada tanto a su investigación como a su rescate.

Rosa Tavárez lo hizo con pasión. Comunicó su sabio oficio a la obra pictórica y se convirtió al expresionismo… Culminación de esta valiente dualidad, fue la magna exposición en el Museo de Arte Moderno, que causó asombro: Rosa pintora se impuso tanto como Rosa grabadora; ambas compartían los espacios. La artista, de naturaleza arrebatadora –lo dijo Jeannette Miller–, desafiaba la excelencia en otro medio. Nadie como una experta del grabado puede manejar las superficies según variaciones ilimitadas.

Y sobre todo, Rosa Tavárez, la generosa, la apasionada, la alegre, la vehemente, la militante, la cariñosa, fue una amiga del alma.

(Marianne de Tolentino, periódico Hoy, sección Vivir, 11 febrero, 2023)

Autorretrato, 2022.

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Rosa Tavárez pinta con pasión. Su obra surge de las entrañas de su ser como el desgarramiento de fuerzas vitales que invaden el lienzo y sacuden, por tanto, al espectador.

Muchas imágenes acuden simultáneamente a esos lienzos y permanecen a través de huellas silenciosas cuya presencia solo es perceptible luego de una observación cuidadosa.

Flamígeras imágenes combustionan los lienzos de Rosa Tavárez, y no sabemos si esos cuerpos son redimidos o condenados, liberados a la gloria inmarcesible o despojados de esa libertad. Se trata de una pintura combustible, ígnea, cuya lava se derrama desde los epicentros del alma y cubre no solo el lienzo, sino los recónditos intersticios de un universo propio y auténtico en el que se dan cita, simultáneamente, las fuerzas encontradas de la pasión. Por eso no hay altisonancias ni estridencias. El equilibrio de fuerzas, los contrastes luminosos,  dan peso a sus pinturas, hechas para discurrir en ellas y adentrarse en los misterios del infinito y del ser.

Sabemos que su pintura es instintiva, incisiva, de gran valentía. Y también sabemos que su pintura emana de un innato sentido de autoridad.

En Rosa Tavárez el uso del color es vital y espontáneo, directo, casi irreflexivo y por ende abrasador. 

Una fuerza ígnea estremece los cimientos de la estructura, siempre sólida, de la imagen que adquiere innúmeras posibilidades expresivas.

(Fernando Ureña Rib, https://latinartmuseum.com/artists/rosa-tavarez/)

La última cena, 2022.

En portada: Realengando, Rosa Tavárez.