Enclave

El poema está listo.
Eleva casas, puentes, barcas hundidas,
aves de diversa estación migratoria, vidas
que hacia todos lados se desplazan.
Hace realidad lo que no se toca
y simple fábula lo palpado todos los días.
El poema está listo. Yo estoy en otra parte.
El que estuvo escribiéndolo al pie del aserradero,
ha desaparecido.
Desde el vidrio del poema
veo su último retrato, enjambre en vilo.
El poema está aquí, tiene forma humana, animal,
de mesa, calle, estrella. Ocupa mi espacio,
que ya no es propio. Respira por mí, habla por mí,
en una olvidada lengua por nuestro cansancio.
El poema está listo. Le es entendible
el trémolo final de la tierra.
Roer no es necesario.

 

El oído del poema

Mírate en el poema hasta ser solo ruido,
ese mito que sostiene el armazón
que te transporta cada día y te niega.
Aparecerá entonces la música
de la gota a la cascada,
las siluetas que dibujan tu olvidado rostro.
Mira bien a ese nuevo y familiar que te saluda
y del que, sin saberlo, huiste desde el nacimiento.
Largamente convérsale hasta volver a ser uno.
Luego olvídalo, sin culpa. En el reluciente vacío
sé la masa plural de otros rostros, la cámara que registra
el secreto murmullo que hace caminar la tierra.
Ya no el ruido, el oído del poema.

(De El primer asombro, Animal de Invierno & Paracaídas Editores, 2014)

 

Alocución del mar

Entra, niña, las olas tienen filo
pero no cortan, y no han de engullirte
si no intentas saltarte su alocución
que pocos se detienen a escuchar.
No importa si no sabes nadar y no llegues
a conocer el basal dolor de mi entraña.
Entra, la mudanza es indistinta, todo para mí
es una misma costa como tu especie
con su pugna insalvable.
Ayer fueron guerreros en totoras,
hoy eres tú con avidez de garza
y ese nutricio vacío rezumando expectante
entre tus manos. ¿Qué harás con él?
Yo quiero ese regalo. Sumérgelo aquí
donde mi adarga se deshace y te cantará
con la saciedad de una caracola
en su laboriosa concavidad
que bien ha sabido resumirme.
A mí que no sé abrazar mis extremos
porque soy continuidad, albergue
de innumerables siniestros sin testigo
e inauditas transformaciones.
No eres ni medio segundo de mi longevidad
más el saldo de mi incertidumbre,
pero me es necesaria la multitud de cada grano de arena
como a ti la inmensidad de lo que no puedes asir.
Entra, niñita, desviste tus pies asediados
por la turbulencia del arribo.
No temas al magneto que empieza a deslizarte,
son nuestras corrientes que se reconocen.

(De Fiesta, Alastor Editores, 2021)
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Denisse Vega Farfán (Perú, 1986) Autora de los poemarios Una morada tras los reinos (Lustraeditores, 2008), con el cual obtuvo el “Premio de Poesía Joven del Perú” convocado por el Centro Cultural de España; El primer asombro (Animal de Invierno & Paracaídas Editores, 2014); y Fiesta (Alastor Editores, 2021), ganador del Premio Luces 2021 por el Diario El Comercio, en la categoría de “Mejor libro de poesía”. Poemas suyos se encuentran traducidos al inglés, francés, chino, italiano, alemán y finés, apareciendo en diversas antologías y publicaciones especializadas.