Gaviota

Ya no sabiendo en qué compás danzar
ella alzó el vuelo como reticente
con ese grito perplejo de nuestras aves marinas
Tal vez ofendida revolotea su alma
sobre el filo del acantilado bate las alas
y se zambulle en picada en las aguas negras
por desesperación por venganza también
Y todo ese tiempo corremos por la senda costera
llorando lágrimas que el viento nos arrebata
Al considerar el abismo que allá abajo hierve
y nuestro tácito asentimiento a su partida
de blanda angustia nos retorcemos las manos

 

 

A fin de cuentas

Pesadamente sube a su estudio con ayuda de la baranda. Para ahorrar el cebo de la vela, es de día cuando viene a hacer sus cuentas. Su vista por lo demás ya no es la que era.

Sobre su mesa de escribir, una lata de plumas junto al tintero: cortadas a mano por un artesano del país, son, si ha de creérsele, de mucho mejor calidad que las importadas de Polonia. Del cajón saca un desportillado libro de cuentas y una carta que le ha escrito el capitán de La Concorde.

Su mentón raspa bajo un índice distraído: su mano se desliza hacia el cuello de la camisa, roza la curva de la barriga y cae entre los húmedos muslos. En cuanto a él, piensa, jamás habría podido aguantar el calor de los trópicos de los que le viene su oro.

Se divierte un momento con los esfuerzos de una mosca atrapada en una telaraña. Por la ventana entreabierta, llama a la pequeña criada que le sirve de aliviadero.

 

 

En términos generales…

On the whole, I’m quite pleased with Africa.
JOHN COLTRANE

Contra el vidrio del autobús bordeado de cortinas de yute amarillo que corren en forma horizontal sobre un riel flexible y que, de ser necesario, han de asegurarse a derecha e izquierda por medio de tiras de idéntico color guarnecidas de velcros,

contra ese vidrio, decíamos, apenas por encima de la línea de los baobabs,

entreveradas como sus cortas ramas pero más finas y delicadas que unos cilios, las patas quebradas de un mosquito que aún se adhiere ligeramente con su cuerpo filiforme al cristal quemante.
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Sylvie Kandé. Nacida en Francia, Kandé es una autora franco-senegalesa. Vive en Nueva York. Es autora de Lagon, lagune (Continents noirs, 2000 ; postfacio de Édouard Glissant), La Quête infinie de l’autre rive (Continents noirs, 2011) y Gestuaires (Blanche, 2016).