El sujeto es una construcción, o mejor dicho una deconstrucción, constante. Sin embargo, cada sujeto social es considerado estable y con características susceptibles de clasificación estadística, sin pensar en las variaciones que ocurren en cada sujeto a lo largo de su vida, electivas o no, pero ciertas como las variaciones de curso que podemos hacer en un viaje. A partir de la composición de una brevísima serie de poemas, Variaciones de Órbita, pienso a través de la poesía, y comparto, algunas cuestiones de mi subjetividad que siento que comparto con mi género y por eso con el mundo.

Según Giorgio Agamben, los niños y los muertos, como personajes protagonistas de una cercanía al nacimiento y a la muerte, son sujetos incompletos, medio-vivos, medio-muertos, en contraposición siempre a un uniformado mundo social de “adultos”, pretendidamente integrados socialmente, con una supuesta humanidad y una vida enteras e históricas, susceptibles de entrar en una línea sucesiva, diacrónica, de Cronos. Los infantes y los fantasmas, por el contrario, por su ser inestables, permanecen en el tiempo de los sincrónico, lo siempre presente, lo onírico y lo aiónico, de Aión.

Claro que esto siempre se dibuja o se perfila desde la adultez, no hay medios sujetos que se expresen, los medios sujetos son siempre significantes, si bien inestables, a disposición del adulto, que es quien se encarga de transportar la función significante del pasado (los muertos) al futuro (los niños). La importancia del traspaso de esta función es la que asegura en todas las sociedades, las grandes o las íntimas, el sentido y quizás hasta la posibilidad de los nuevos nacimientos y de la historia.

Este proceso no precisa que los significantes sean siempre los mismos, solo transmite la posibilidad de significar, de asignar sentido, incluso de cambiar un sentido. Es una capacidad lo que se transmite y como tal puede ser conservadora pero también tiene la potencialidad de ser revolucionaria. Me interesa pensar en esto por varios motivos. Claramente para pensar la posibilidad de una historia que no nos determine en relación al pasado, y en ese sentido, poder transmitir al futuro la capacidad de creación a la vez que la de conservación, ya que esto implica la capacidad de elección. Pero hoy, sobre todo, me interesa detenerme a pensar la noción de adulto, que es el sujeto entero que propone Agamben, pero que como todo sujeto filosófico no es observable, sino que observa a los otros: los niños, los muertos, como objetos. El adulto pareciera omnisciente, todopoderoso, neutro. Y eso me huele fundamentalmente paternal. Borrar los accidentes de la historia y de la subjetividad puede crear la ilusión de la igualdad, que no es lo mismo que la igualdad real.

Como ocurre frecuentemente en la filosofía, quien enuncia asume la supuesta posición de la neutralidad, y la figura de “adulto”, sujeto que enmascara y abarca también al filósofo, no es enfocado. Sí hay desarrollos en la psicología, la psicopedagogía, los estudios de género e incluso en la didáctica, pero no es un tema de la filosofía, o de la economía política. Michel Foucault, por ejemplo, trata las variaciones del sujeto en relación con la sexualidad y desde allí propone algunos detalles que distinguen etapas de la vida y accidentes de la adultez, pero siempre desde una genealogía histórica, que no puede más que describir la totalitarización que la sexualidad masculina realiza sobre las demás sexualidades.

Volvamos al sujeto, propuso al final de su vida Roland Barthes, digamos quiénes somos en función de nuestro proyecto de vida, de nuestra Novela en sentido de proyecto, sea éste el que sea, o cuántos sean. Hoy, aquí, ahora, en este texto.

¿Quién habla en este texto? No sé… ¿Quién debería hablar? ¡Ni idea! ¿Cuál es mi Novela, mi proyecto? ¿Qué quiero hacer? Eso sí lo puedo contestar, a ver… quiero contarles algunas experiencias de mi vida adulta que me llevaron a la composición de una pequeña, pequeñísima plaqueta literaria, tan pequeña que desde la óptica más materialista parece insignificante, pero que terminó enlazando –y al parecer transmitiendo– una serie de significantes que siguen desencadenando y a la vez aglutinando, cada vez más elementos de(mi)l mundo.

Estoy puérpera (no sé si se dice estoy o soy, tan difícil es para las mujeres transmitir todo lo que somos y lo distintas que somos incluso de nosotras mismas). En fin, aún estoy puérpera. Mi puerperio clínico terminó hace mucho, pero me importa un pito la opinión de los médicos. Según Laura Gutman y algunos otros psicológos expertos en maternidad, el puerperio emocional dura un promedio de dos años, aunque puede extenderse y a menudo, si bien se diluye, algunos sentimientos, estados y reacciones, pueden perdurar sin agotarse nunca. De todos modos, con mi hija de 23 meses estoy cerca del promedio y dentro. Escribo este texto y estoy puérpera.

Los poemas que componen la plaqueta de la que hablo, Variaciones de Órbita, los escribí entre diciembre de 2008 y febrero de 2009, bien dentro de mi puerperio clínico incluso y mucho más cercana a la experiencia terremótica del nacimiento de Luisa. En realidad, todo lo que hice en los últimos 2 años está afectado por y remite invariablemente a mi puerperio, proceso que según la poeta y crítica literaria Marimé Arancet, nos conecta con los umbrales de la vida y de la muerte, siendo una experiencia irremisiblemente femenina, por el proceso emocional y sobre todo físico que implica.

¿Qué quiero decir? Quiero decir que no sé quién habla, o quién escribe este texto. Soy una adulta, pero mis significados no están estables. ¿Deberían estarlo? ¿Solo se puede decir algo fijo? Bueno, no sé, pero sí sé que no apelar a un simulacro de neutralidad y estabilidad puede ser desafiante u ofensivo para algunas personas, más allá de que mi intención no es ésa: estoy tratando de transmitir algo que me pasó, algo de verdad porque no creo en otra cosa.

Variaciones de Órbita –título que apareció más de un año después de escribir el primer texto– es en realidad un intento de escribir en mi diario algunas experiencias relacionadas con la aparición de mi hija en mi vida. De ahí el subtítulo, bitácora de la Astronauta. El resultado de ese intento de narración son unos manchones cósmicos (de macro y micro cosmos) justificados por lo inenarrable de la experiencia, por un lado, y por la brevedad y escasez de los momentos en que podía sentarme a escribir y reflexionar sobre lo que sucedía a mi alrededor. Claramente eso los hace un diario perfecto.

Por otro lado, la metáfora de la Astronauta, quien sale literalmente de un mundo para entrar en otro y tiene que manejar una nave (esto es también un cuerpo) en un medio nuevo, vale tanto para mi hija como para mí, y las dificultades, saltos y sobresaltos, celebraciones y frustraciones de ese derrotero a construir, me parecen ahora claros, casi diría realistas, si realista no fuera una palabra tan mal usada. El diario sin embargo se interrumpe, hay un abandono, casi una muerte y los pequeños textos quedaron sueltos.

No había pensado publicarlos originalmente. Lo hice de manera dispersa en mi blog (freschi.blogspot.com) pero durante muchos meses no pude avanzar sobre ellos. Intuía en el pequeño conjunto una conexión –y sobre todo una importancia– pero cuando me sentaba a trabajarlos no podía establecerla. Finalmente, unos amigos (Germán Weissi, Laura Massini y Paola Ferrari) me invitaron a grabar textos para un programa de radio. Con esa consigna logré ponerles el título y darles un orden. Y entonces pensé en la posibilidad real de la plaqueta. Todo esto sucedió en agosto de 2010, momento en que yo estaba lidiando con temas de salud de mi madre y con la posibilidad cierta de su muerte –que finalmente ocurrió a principios de este mes.

Esto quiere decir que hoy no solamente estoy puérpera, sino que estoy de duelo. Quien escribe esto hoy además está en duelo, en plena tanatología personal, intentando asir, o mejor, desplegando, la inestabilidad y estabilidad de los significantes familiares, resignándolos, esto es, tratando de encontrar o mejor crear, nuevos signos, que preserven pero que también que creen nuevos sentidos. Entre mi bebé y el fantasma de mi madre, la significación y mi propio sentido, me resultan móviles, hasta ausentes por momentos. Y, sin embargo, eso es tan real. ¿Valdrá la pena el sentido?

Portada del libro Entrevistas a Blanca Varela, editado por Jorge Valverde, Lima, 2020

Agosto 2010 entonces, la entonces fantasma muerte fantasma de mamá –valga la redundancia– rondando y un poema de Blanca Varela que, como suele ocurrirme frente a su obra, me vuela la cabeza. Lo transcribo:

 

Secreto de Familia

Soñé con un perro

con un perro desollado

cantaba su cuerpo su cuerpo rojo silbaba

pregunté al otro

al que apaga la luz al carnicero

qué ha sucedido

por qué estamos a oscuras

es un sueño estás sola

no hay otro

la luz no existe

tú eres el perro tú eres la flor que ladra

afila dulcemente tu lengua

tu dulce negra lengua de cuatro patas

la piel del hombre se quema con el sueño

arde desaparece la piel humana

sólo la roja pulpa del can es limpia

la verdadera luz habita su legaña

tú eres el perro

tú eres el desollado can de cada noche

sueña contigo misma y basta

 

La animalidad de esta poeta siempre ha ido conmigo. Y la fuerza de la primera persona gramatical flexionada en femenino me parece maravillosa, reivindicatoria, siento identificación plena. No solo siento la soledad, la vulnerabilidad y a la vez la fuerza de lo femenino –y como nunca además ahora en mi puerperio y en mi duelo, con mi hija y mi madre en trinidad conmigo– sino que yo siempre he sabido que soy un perro.

Extraordinario e indigno como podría sonar, lo cierto que yo lo acepto y lo celebro. Quizás sea ésa mi única esencia, el único significante estable de mi vida y el que pueda responder de alguna manera quién escribe este texto, cuál es el sujeto. Con quienes mejor me comunico es con mis dos perros, John Lennon y Julia. Disfruto mi vida con ellos, les dedico libros y poemas, pienso y siento junto a ellos. Woman is the nigger of the world, dijo John Lennon una vez. Y entre los perros, también las hembras son las esclavas del mundo.

Así supe quién siempre fue, al fin y al cabo, la Astronauta. Para mí –que me crie entre la ciencia ficción y el entusiasmo del esplendor de la carrera espacial, y claro, entre perros– y para todos, pues esto es histórico: la perrita Laika, el primer ser que salió de la Tierra y que tripuló una nave en el espacio. No puedo explicar la sensación de claridad, fue como un rayo. Dediqué Variaciones de Órbita a la perrita y puse como epígrafe los tres últimos versos del poema de Blanca Varela.

Laika era una perrita callejera antes de ser capturada y entrenada para la misión espacial. Mi perra Julia también era una perrita callejera antes de encontrarse conmigo. Y físicamente, es igual a Laika. Mi hija Luisa al ver la foto de Laika que puse en la plaqueta, dice “Julia”. Yo creo que es así para nosotras, pero además porque todas somos Laika: perras lanzadas al espacio sin aviso para tripular una nave que eventualmente va a fallar. Mi mamá, que leía y comentaba, como podía, mis publicaciones, no llegó a leer mis Variaciones de Órbita.

Este es mi Secreto de Familia, el proyecto o Novela que quise hacer relumbrar, una línea transitoria, inestable y nebulosa como las que forman a veces los planetas o los astros en el movimiento continuo del universo, pero en la que, entre Laika, Blanca Varela y todas las hembras del mundo, también estamos mi hija, mi madre, mi perra y yo.

26 de octubre de 2010

(En 2026, dedicado a Tallulah, de parte de la señora Lobo)

 

De consulta

Agamben Giorgio, Infancia e Historia

Barthes Roland, La preparación de la Novela

Freschi Romina, Variaciones de Órbita

El-pe-yO

3/3/3

Foucault Michel, Historia de la sexualidad

Gutman Laura, Puerperios

Varela Blanca, Camino a Babel

 

(Este ensayo se publicó por primera vez en el Fanzine Carnicera, sobre literatura y género, editorial Moda y Pueblo de Chile, edición a cargo de Diego Ramírez Gajardo, Santiago, 2010. Más tarde, en 2011, fue incluido en la edición de Variaciones de Órbita que realizó el Proyecto Editorial Itinerante (Chile, Argentina, Uruguay). Aquí un enlace al video realizado por la misma Freschi y Alejandra Correa, para presentar esa edición https://www.youtube.com/watch?v=tUNOd-GMms0. Este ensayo forma parte del Homenaje a Blanca Varela a 100 años de su nacimiento, publicado por la revista argentina en línea Plebella Nube, https://plebellanube.wordpress.com/blanca-varela/)

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Rom Freschi (Buenos Aires, 1974). Fundó y dirigió la revista de poesía y crítica Plebella (2004-2012, www.plebella.com.ar), que en su segunda etapa: posvida una (Plebella nube – Segunda etapa: una posvida). Es poeta y docente de escritura y literatura en ámbitos universitarios y de creación. En la actualidad, forma parte del proyecto Juana Ramírez Editora.