Ya hemos contado cómo la labor de difusión de la literatura a través de Biblioteca, en el periódico Última Hora, influenció en la manera de afrontar la literatura desde nuestro amado pueblo Monte Plata, pero ahora nos toca, y quisiéramos contar, nuestra relación de amistad, entre el libro, la literatura y la valoración del otro, pero sobre todo a través del hecho feriero o el acto poético.
Superada la brecha y la distancia entre la muchacha que lo leía desde el pueblo y la que se convirtió, casi sin darse cuenta, en columnista de las páginas de opinión del mismo periódico en el que durante años le había leído, tuvimos la oportunidad de tener las primeras conversaciones con José Rafael Lantigua a través de su relación de amistad y admiración mutua con Yaqui Núñez del Risco, quien me pedía llamarlo a la publicitaria Cumbre donde, junto a Freddy Ginebra, ejercía su labor de gerente administrativo.
El periodista que había sido y que antecedió al intelectual lo hizo conocido y popular, pues además de ejercer la crónica de arte, también formó parte del cuerpo de trabajo de relaciones públicas, promoción y comunicación de la Corporación Wilfrido Vargas, al cual le hizo publicar una especie de revista y le apoyaba en la producción y difusión del programa de televisión del artista. A través de estos, se detallaban aspectos importantes de la música, vida y obra de este destacado artista de Altamira, Puerto Plata.
O sea, Lantigua compartió oficio al lado de Wilfrido Vargas con Domingo Bautista y era de las cabezas pensantes en muchas de las propuestas de Cholo Brenes, un sociólogo que puso al servicio de la música popular dominicana su conocimiento en ciencias sociales, su visión de la cultura y la sociedad para producir y luego promover las propuestas musicales de sus artistas.
Nos tomó años ir descubriendo las distintas facetas de Lantigua, pero una de las primeras cosas que descubrí, fuera de los periódicos, era su pasión por la poesía. Recuerdo como ayer esa primera vez que nos sentamos a hablar como dos personas independientes: de Yaqui, la publicitaria Cumbre o sus páginas de difusión cultural. Esta vez, la conversación giró alrededor de la feria del libro y un pasaje que nunca antes hemos contado, pero que su partida nos motiva a compartir…
Todo empezó por una publicación
En el año 1996, unas semanas antes de que el doctor Leonel Fernández ganara su primera postulación presidencial, escribimos una columna en Última Hora titulada “Luto de feria”, donde expresaba nuestra preocupación porque el 23 de abril había pasado “sin pena ni gloria en el país”. Hay que recordar que ese era el primer año en que se celebraba el Día Mundial del Libro, instituido por la UNESCO en su cumbre de noviembre de 1995 en París.
En la misma, contaba actos, actividades y ferias alrededor de esa importante celebración del libro; las fiestas de San Jordi en Barcelona, con su tradicional y simbólico regalo de “un libro y una flor”; las 25 mil copias de la biografía de Miguel de Cervantes que regaló el Ayuntamiento de Madrid; la edición interactiva de la obra cumbre de José Hernández, Martín Fierro, ordenada por Carlos Menem, a la sazón presidente de Argentina, lugar donde también se estaba realizando su feria del libro.
Entre otros detalles sabrosos, en los que a la vez de no querer entretenerlos, no podemos obviar, es que, con ese motivo a Camilo José Cela le fue entregado, de manos del Rey Juan Carlos, el Premio Nacional de Literatura y en Barcelona se celebró el 25 Congreso Internacional de Editores “con la participación de 14 países y unas 900 librerías”.
En la misma columna cuento de nuestra llamada al amigo Raymundo Amaro, entonces director de la oficina Nacional de Personal y que era responsable de una especie de feria. Le preguntamos sobre la misma, y contestó: “No, Marivell, la Feria no va”.
Con la voz quebrada confesó que era por falta de dinero y que ni siquiera Cuba en su condición económica dejaba de hacer su feria. Lo último que dijo, antes de cerrar el teléfono y echarnos a llorar fue: “El único espectáculo cultural del país no se hará por falta de dinero”.
Al final de una de esas tardes calurosas de agosto de 1996, Lantigua llamó para invitarnos a un almuerzo con la condición de que eligiera fecha y lugar; el elegido fue un restaurante japonés de sushi localizado en la avenida Lincoln, que estaba muy de moda. Esa tarde mágica, en que nos hizo repasar lecturas, autores y experiencias con el libro, se volvió intensa y terminamos siendo algo más que conocidos.
La razón del encuentro era sencilla: el presidente Fernández había leído nuestra columna y al parecer le llamó la atención. No podemos decir en qué punto comenzó todo, sólo vamos a recordar que para la fecha le expresó a Lantigua su intención de crear la Comisión Permanente para la celebración de la Feria del Libro y que éste sería el presidente del Comité Organizador.
Me refirió, en ese momento, que el presidente le había comentado mi artículo y expresado que quería que estuviéramos cerca de la feria del libro. Acepté como un halago inesperado el deseo del presidente Fernández de hacernos formar parte de alguna manera de la feria. No quisimos incorporarnos al equipo de trabajo fijo de la feria, pero sí participar en su organización y desarrollo de manera temporal, sólo en los días previos y durante la feria. Eso nos permitió disfrutar intensamente de la grandiosa feria del libro que organizó y nos llevó a disfrutar de eventos inolvidables y a conocer a autores, editores y libreros de toda Hispanoamérica, personas maravillosas, a algunas de las cuales entrevistamos y formaron parte del libro Feria de palabras, editado por Pedro Antonio Valdez para la Editora Nacional, el cual incluye conversaciones con autores como Eduardo Galeano, Almudena Grandes, Mayra Montero, Ana María Matute, Luis Sepúlveda, Leonardo Padura Fuentes, Adolfo Castañón y Antonio Skármeta… Este último estaba impresionado por esta feria tan alegre, de tanto arte y música entre libros.

El día de nuestro primer encuentro nos entregó su libro Domingo Moreno Jimenes. Biografía de un poeta, con la siguiente dedicatoria: “Para Marivell Contreras, con mi afecto y reconocimiento” y, tras su firma, quedó grabada para siempre la fecha: 26 de agosto de 1996, y en el corazón una admiración infinita que se convirtió en amistad verdadera.
Lo que vino después
Este relato a saltos de tiempo recupera momentos significativos de una relación de amistad, que no cesó nunca. No tuvimos ni un sí ni un no. Al decir esto, recordamos que a principios del 2003 le entregamos el libro Mujer ante el espejo para que fuera el presentador oficial del mismo y unos días antes nos dijo que no había podido escribir nada, porque estaba haciendo un trabajo que le estaba costando mucho más tiempo del esperado y que tal vez no podría llegar a la puesta en circulación.
Cuando le dijimos a Yaqui de la situación, el maestro decidió presentarlo él mismo. Pero el caso es que unos minutos antes de las 7, ese 6 de febrero, Lantigua llegó al Bulevar de la 27, estando todos debajo del gran reloj de El Artístico, José Ignacio Morales. Fue como cuando llega la luz. Vino con sus páginas en un folder, con las 4 páginas de la crítica del libro de la cual hizo una lectura inolvidable; con su hermosísima voz, un tono con el cual se podía navegar en su espectacular mar de palabras llenas de sentido y tejidas con belleza. Nada más placentero que escucharle.
Luego vinieron sus versos: el primer libro de poesía suyo que tuvimos en nuestras manos, Los júbilos íntimos, publicado en el 2004, en cuya dedicatoria quedó la constancia de la evolución de la relación y de su valoración de la misma: “Para Marivell Contreras. Amiga del alma, gozadora del poema y su trascendencia. Que estos poemas de la memoria y la nostalgia les sean placenteros. 22.2.04”.
Para la tercera edición de este libro, logramos que nos dejara hacer una selección de los poemas para grabarlos en su voz. Conversamos con el maestro Dioni Fernández, quien sirvió de soporte musical y de estudio de grabación al mismo tiempo. Lantigua se puso en nuestras manos, se dejó llevar por sus versos y en su mayoría por nuestra dirección: “tú eres que sabe, Maryyyy…”. Siempre extendía esa “y” como en una nota musical sostenida. Pronunciaba ese nombre con un trozo de ternura que parecía desprenderse del amor a su hija.
Sabemos que muchos de sus amigos guardan en algún lugar sus versos en audiolibro, al igual que sus últimos poemarios (Territorios de espejos, La fatiga invocada, Cuadernos de sombra), los últimos editados e impresos por el simple deseo de que sus amigos y familiares los tuviéramos. En el 2017 hizo el prólogo y la presentación de No me regales perlas. Le tocó leernos y nos tocó leerlo.
Pero, de su poesía nos tocará hablar después, mientras, compartimos este poema que era también importante para él, pues cuando Nathaly Peña Comas iba a grabar algo suyo para un reconocimiento que le hizo Acroarte (con Emelyn Baldera y a Máximo Jiménez, al frente) nos tocó consultarle sobre qué texto prefería y decidió enviar este poema, que luego recibió musicalizado:
Mi vida
Llevo la vida recostada a mis pupilas.
Hambrienta y resuelta,
mi vida,
se enseñorea entre las apuestas del relámpago
y la cicatriz del tiempo.
Ella, mi vida, duerme
casi siempre,
en el dintel del sueño
y su réplica.
Su reflejo es aliciente
su ansia, certidumbre
su espanto, disipación.
La vida, mi vida, se asienta en las dunas
de la palabra
su paz
su soledad
su sombra.
La vida se lleva y se deja llevar.
La vida se duerme y se deja dormitar.
La vida, mi vida, transige
con el miedo religioso de la trascendencia
y su diáspora.
Cómo se va la vida
Cuando se la lleva al hombro
Con el empecinado equilibrio de las sombras.
La vida es un litigio de moradas
un colmillo ardiente
una perfidia humeante
una tensa inquietud llena de olvido.
El 5 de junio por la presentación del poemario Hilos del Caribe le escribimos para invitarlo a la misma y le dije, entre otras cosas: “Usted sabe que en todo lo que yo haga usted está presente en mi corazón”. Respondió: “Felicitaciones. Salimos de SD el 25 de mayo hacia Roma, Turquía y Madrid. Hoy estamos en Antioquía de Pisidia, Turquía, donde por primera vez los seguidores de Jesús, con Pablo a la cabeza, se llamaron cristianos. De aquí a Madrid la próxima semana. Llegamos a SD el 20 de junio. Éxitos. [Aquí son la 1:14 de la madrugada. Después de un buen merlot turco, vamos a la cama]”.
Fue nuestra última conversación. Qué bueno que le dije lo valiosa que es su presencia en mi vida.
Esto es parte de una historia larga y significativa, que se opuso a no ser contada.
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Marivell Contreras es periodista, poeta y gestora cultural, además de investigadora de temas culturales, con Master en Artes Visuales. Ha publicado libros de poemas, cuentos, entrevistas y la biografía José Manuel Calderón: el primer Bachatero del mundo, en co-autoría con el artista.