Buenas a todos:
En nombre de mi madre, de mis hermanos y de toda nuestra familia, quiero agradecerles por estar hoy aquí, acompañándonos en este momento tan difícil. Su presencia es un bálsamo para nuestro dolor y un hermoso testimonio del cariño que sembró mi padre, José Rafael Lantigua.
Hoy, las palabras se sienten insuficientes. ¿Cómo resumir una vida tan plena, tan llena de pasión, de ideas y de amor por los demás?
Muchos de ustedes conocieron al hombre público: al escritor agudo, al periodista incisivo, al gestor cultural que soñó y materializó la Feria Internacional del Libro, convencido de que en los libros reside la libertad del espíritu humano. Lo conocieron como el ministro que trabajó incansablemente por la cultura dominicana y como el académico que defendió con fervor la belleza de nuestro idioma.
Y todo eso es él. Un constructor de puentes culturales, un faro para generaciones de escritores y lectores. Su legado está escrito en las páginas de sus libros, en las políticas que impulsó y en el corazón de cada dominicano que hoy ama la lectura gracias a su visión.
Pero nosotros, su familia, tuvimos el inmenso privilegio de conocer al hombre detrás del nombre. Tuvimos al “papá”, al “papito”, como que le decían sus nietos.
Y para nosotros, ese hombre público y nuestro padre no eran dos personas distintas, sino un mismo ser. Su devoción por la cultura era solo una extensión de su inmenso amor por su familia. La misma paciencia que tenía para corregir una cuartilla, la tenía para escucharnos. La misma brillantez con la que pronunciaba un discurso, la usaba para darnos el mejor de los consejos.
De todas sus lecciones, la más importante fue el amor incondicional por la familia. Defender la sagrada reunión del fin de semana, donde sentía el vacío si alguno de nosotros faltaba. Esa lección nos la reafirmó hasta el final. Hace unos días, con el esfuerzo de sus últimos suspiros y con las palabras entrecortadas, me dijo con una claridad que nunca olvidaré:
“Jose, después de toda una vida, todos los esfuerzos, te confirmo que nada material llena. Aparte de Dios, lo único que importa es el amor por tus hijos, por tu familia”. Y mirando a mi madre continúo diciendo, “Mantengan esa unión, que es de lo que más feliz me siento”.
Ese mismo día, cuando las palabras ya se agotaban y luchaba por mantener los ojos abiertos, me hizo entender que no temía partir. Su única preocupación era ella, ‘Mami’, su compañera de vida. Hoy… Papi, estoy seguro de que te vas en paz, sabiendo que el amor que forjaste en tus hijos y nietos es el soporte que le dejas a ella. Un soporte que, aunque nunca podrá igualar al tuyo, es firme y eterno.
Hoy despedimos tu presencia física, y el vacío que dejas es inmenso, un silencio que retumba. Pero tú mismo nos enseñaste, a través de los miles de libros que leíste y los que escribiste, que las grandes historias no mueren. Se transforman en Legado.
Tu vida fue tu mejor poema. Y ahora nos corresponde a nosotros –tu familia, tus amigos, tu país– seguir leyéndote y honrándote, no con tristeza, sino con el compromiso de vivir con la misma pasión, integridad y amor que nos demostraste.
Aunque es difícil aceptar la voluntad de Dios, hoy nuestro corazón se inclina más hacia la gratitud. Gracias, Señor, por tantos años que nos lo regalaste, llenos de recuerdos maravillosos.
Gracias, Papi.
Por ser nuestro ejemplo.
Por esos almuerzos donde hablábamos de todo.
Por ser el mejor abuelo para tus nietos.
Por ser el mejor de los esposos.
Por ser el mejor padre.
Gracias por cada lección, por cada abrazo, por el legado imborrable que nos dejas.
Te amaremos y te recordaremos siempre.
Descansa en paz.
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José Rolando Lantigua es ingeniero civil por INTEC y máster en Dirección y Gestión de Empresas por la Universidad de Valencia. Acumula 15 años de experiencia liderando proyectos inmobiliarios y de construcción en el gran Santo Domingo. Como CEO y fundador de varias empresas del sector, se especializa en administración de proyectos y desarrollo inmobiliario. Ha dirigido exitosamente la construcción de varias torres residenciales y más de 300 viviendas de carácter social.