Dama de blanco

el poema es mi cuerpo

esto la poesía

la carne fatigada

el sueño el sol

atravesando desiertos

los extremos del alma se tocan

y te recuerdo Dickinson

precioso suave fantasma

errando tiempo y distancia

en la boca del otro habitas

caes al aire eres el aire

que golpea con invisible sal

mi frente

los extremos del alma se tocan

se cierran se oye girar la tierra

ese ruido sin luz

arena ciega golpeándonos

así será ojos que fueron boca

que decía manos que se abren

y se cierran vacías

distante en tu ventana

ves al viento pasar

te ves pasar el rostro en llamas

póstuma estrella de verano

y caes hecha pájaro

hecha nieve en la fuente

en la tierra en el olvido

y vuelves con falso nombre de mujer

con tu ropa de invierno

con tu blanca ropa de

invierno

enlutado

 

 

En lo más negro del verano

El agua de tu rostro

en un rincón del jardín,

el más oscuro del verano,

canta como la luna.

 

Fantasma.

Terrible a mediodía.

A la altura de los lirios

la muerte sonríe.

Sobre una pequeñísima charca,

ojo de dios,

un insecto flota bocarriba.

La miel silba en su vientre

abierto al dedo del estío.

 

Todo canta a la altura de tu rostro

suspendido como una luz eterna

entre la noche y la noche.

 

Canta el pantano,

arden los árboles,

no hay distancia,

no hay tiempo.

El verano trae lo perdido,

el mundo es esta calle de fuego

donde todas las rosas caen y vuelven a nacer,

donde dos cuerpos se consumen

enlazados para siempre

en lo más negro del verano.

 

En un rincón del jardín

bajo una piedra canta el verano.

En lo más negro,

en lo más ciego y blanco,

donde todas las rosas caen,

allí flota tu rostro,

fantasma,

terrible a mediodía.

 

 

Canto villano

y de pronto la vida

en mi plato de pobre

un magro trozo de celeste cerdo

aquí en mi plato

 

observarme

observarte

o matar una mosca sin malicia

aniquilar la luz

o hacerla

 

hacerla

como quien abre los ojos y elige

un cielo rebosante

en el plato vacío

 

rubens cebollas lágrimas

más rubens más cebollas

más lágrimas

 

tantas historias

negros indigeribles milagros

y la estrella de oriente

 

emparedada

y el hueso del amor

tan roído y tan duro

brillando en otro plato

 

este hambre propio

existe

en la gana del alma

que es el cuerpo

 

es la rosa de grasa

que envejece

en su cielo de carne

 

mea culpa ojo turbio

mea culpa negro bocado

mea culpa divina náusea

 

no hay otro aquí

en este plato vacío

sino yo

devorando mis ojos

y los tuyos

 

 

A la realidad

y te rendimos diosa

el gran homenaje

el mayor asombro

el bostezo

 

 

“Curriculum vitae”

digamos que ganaste la carrera

y que el premio

era otra carrera

que no bebiste el vino de la victoria

sino tu propia sal

que jamás escuchaste vítores

sino ladridos de perros

y que tu sombra

tu propia sombra

fue tu única

y desleal competidora

—-

Blanca Varela (Lima, 1926 – 2009). Toda su poesía ha sido editada bajo el título de Canto Villano en sucesivas ediciones. Obtuvo el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca en 2006 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2007.