Black Crow

 

Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado.

Se alimenta de muchas especies y sólo de una.

MAROSA DI GIORGIO

 

El cuervo es una transfiguración erótica de la huida.

Su vuelo reconstruye una colmena nocturna.

El cuervo se alimenta de lo que ansía

y aniquila lo que desea, lo que no le pertenece.

Se enamora de lo que le produce dolor

y luego lo mastica hasta retenerlo dentro,

hasta convertirse en el padecimiento del otro

que mira horrorizado.

 

Marqués de Sade esclavizado a su víctima,

llora como un recién nacido

frente al abismo de su ternura,

antes de llorar vuelve a morder

y en ese afán desbarata la locura del mundo.

 

El cuervo habla y roza la ventana de un hombre de 1845

que entra y sale de la esquizofrenia.

Vampiro y cleptómano de la mujer-clavija,

mujer con el sexo desplegado

en la boca de una guitarra,

el cuervo mata para hacer música,

el cuervo muere por comer con lo que mata.

Renace de su indefensión y se equivoca:

trae en la garganta una serpiente de agua

que lo deja ciego de sed.

 

El cuervo es un río, una constelación,

la calle deforme de una ciudad

donde cada día

nos quitamos los ojos por amor.

 

 

Ópera o guillotina

Música

y el cuchillo lame la superficie que prefiere,

enamorado de la brecha

acaricia un racimo de carne transparente,

posado sobre esa arquitectura y a punto de cortar

inmaculado tuerce la vista hacia el abismo,

lava con agua irreprochable sus labios de acero,

reluciente acompaña el vals de la indefensión.

 

La mano convierte en un tajo lo que como

y desmenuza hasta el polvo

el recuerdo de esa alevosía.

Lo que se lame es simbólico.

Comer para vivir es un sueño.

Se vive del instinto del sabor.

 

En lo que como se balancea una divinidad.

Tal vez lo comido es ya caldo invisible,

espesura a la que mi espesura se parece

origen de la semilla en los cañaverales.

 

Sólo el acto de comer es fructífero:

sexo cosmético de otra alfarería,

tiras de chocolate en la sombra del apetito,

gajo para poner al límite,

abandono de la nuez en su mitad.

 

Me convierto en lo que como.

Soy eso que me llevo a la boca.

 

Parra pisoteada seré

espuma deliciosa

pulpa para oler

cuerpo para el sacrificio.

—-

Sonia Betancort ha publicado siete libros de poesía. Doctora en Literatura por la Universidad de Salamanca, en la actualidad es profesora de Literatura en la Universidad Camilo José Cela (Madrid). Centra su obra crítica en la narrativa y en la poesía española e hispanoamericana contemporáneas.